Cada paso

De uno solo, Dios hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la superficie de la tierra, habiendo determinado sus tiempos y las fronteras de los lugares donde viven. Hechos 17:26

La visita y el tiempo de Pablo en Atenas no fue por accidente. Él estaba allí por un propósito y en una misión.

Antes de cumplir los 21, yo solo había vivido en dos casas diferentes y había asistido a tres escuelas diferentes, incluyendo la universidad. No nos mudamos mucho y crecí en la misma comunidad eclesiástica la mayoría de mis años en casa.  Después de graduarme de la universidad, viví mis 20s y 30s en Phoenix, Az y en Nashville, TN,  antes de mudarme a Montana. El Señor tenía un plan y un propósito para cada una de las ciudades en las que he vivido.  En ocasiones me sentía en medio de la nada de Montana, pero sé que hay un plan y un propósito en mi vida incluso aquí.

Nuestras vidas no son determinadas por la casualidad o la suerte y no hay nada desconocido acerca de nosotras para Dios.

Dios ha demostrado estar increíblemente orientado a los detalles, y lo vemos al leer páginas de genealogía a lo largo de la Biblia. En Génesis 10, se nos da un relato de los hijos de Noé, de sus hijos y de los hijos de sus hijos, estableciendo para nosotras como Él ciertamente hizo que las naciones se esparcieran sobre la tierra después del diluvio.

El Señor ha establecido cada uno de nuestros pasos. Él nos ha puesto en nuestras ciudades, en nuestros vecindarios y en nuestro trabajo con un propósito, de la manera que Pablo fue llevado a Atenas. Pablo se tomó el tiempo de ver a su alrededor y conocer su entorno antes de empezar a predicar. Absolutamente amo este recordatorio. Es una hermosa manera de llevar a cabo nuestro ministerio diario, a donde sea que fuéramos llamadas.  Es importante que nos tomemos el tiempo de buscar las necesidades, reconocer el quebrantamiento o la teología incorrecta y hablar la verdad con valentía y en amor.

Nuestra fe debe ser vista. La relación que el Señor desea tener con nosotras requiere tanto de la devoción en privado como de la admiración pública. Hablamos de las cosas que amamos. ¿Con qué rapidez y entusiasmo respondes cuando alguien te pide sugerencias de tu restaurante favorito? ¿Te retraes y te avergüenzas?  ¿O con entusiasmo les dices el nombre de tu restaurante favorito y procedes a darles el resumen de los platos de tu menú? Naturalmente hablamos acerca de las cosas que nos apasionan.

Somos influyentes para el reino y nuestro ministerio toma lugar justo donde estamos.  Incluso si te sientes sola, como Pablo pudo haberse sentido mientras esperaba a Silas y a Timoteo, tú aún puedes causar un impacto.  Debemos mirar a nuestro alrededor y “recorrer nuestras ciudades” y creer que mientras tengamos aliento en nuestros pulmones, tenemos a Dios dándonos oportunidades de bendecir a las personas a nuestro alrededor con Su Palabra.

¡Impacta en tu entorno hoy, amiga!

Kelli

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