Su Diseño

Esta semana mi hijo de seis años me preguntó:  “¿Qué tan grande crees que fue la computadora que ayudó a Dios a crear a las personas?”

Fue una inocente pregunta y un dulce momento de enseñanza, pero el contraste de estos versículos con la norma de nuestra vida diaria tan evidente.

“Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” Génesis 2:7

Dios no usó Amazon Prime para traerte aquí rápidamente. No permitió que una computadora asignara al azar tus atributos. No delegó el trabajo.

Eres exactamente quien eres porque así es como Dios te diseñó. Porque así es como Dios te hizo.

Lo que hacemos con nuestras manos es especial. Piensa cómo te deleitas con una carta escrita a mano, cómo atesoras los regalos hechos en forma manual, y cómo aprecias una comida casera. Piensa en las diferentes maneras en que sostienes a tus hijos, tocas a tu esposo, abrazas a tus amigas, todas diferentes pero todas expresan tu cuidado y devoción.

Lo que hacemos con nuestras manos es especial. Pero el trabajo de las manos de Dios es divino.

Las manos de Dios nos crearon a cada una de nosotras. Él crea deliberada y perfectamente a cada persona. 

Me cuesta entender la inmensidad de este trabajo. Después de todo, hay muchas personas que han pisado y que pisaran la tierra. Cada persona es una nueva obra maestra. Cada detalle es intencional.

También es humillante e inspirador para mí que Dios haya elegido dar a los humanos una posición importante y elevada en Su mundo.

“Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, Y el hijo del hombre para que lo cuides?  ¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles, Y lo coronas de gloria y majestad! Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos; Todo lo has puesto bajo sus pies.” Salmo 8:4-6

Permite que los versos de hoy se queden contigo. En este tiempo en que muchas personas se sienten no amadas o invisibles, vivamos y compartamos la verdad. 

Dios nos creó individualmente a cada una de nosotras. “Pero ahora, oh SEÑOR, Tú eres nuestro Padre, Nosotros el barro, y Tú nuestro alfarero; Obra de Tus manos somos todos nosotros.”(Isaías 64:8). Dios se ensució las manos por ti. Fue paciente. Fue gentil, pero sabía cuándo se necesitaba presión. Sabía y aún sabe cuánto fuego es necesario para el refinamiento.

Cada una de nosotras fue hecha a Su imagen. Que podamos ver Su gracia y confiar en Su diseño cuando nos miramos a nosotras mismas, y que el mundo vea destellos de Dios en nosotras.

Sara

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