Una Proclamación Valiente

“Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” –  Hechos 19:8-10

Hace unos meses, compartía una cena con algunas amistades. Estábamos en la mesa con amigos y algunos que recién estaba conociendo. Entre ellos, había una pareja que era nueva para todos en la reunión. Después de las presentaciones iniciales nos dimos cuenta que asistíamos a la misma iglesia. Nos contaron que eran nuevos en la ciudad y no eran de participar mucho activamente en la iglesia, por algunas heridas que tenían de otras Iglesias. Mi gran amiga Katy, que es muy osada y un ejemplo maravilloso de como el Espíritu Santo trabaja en tu vida, no se quedó callada.

“Cuéntame más.” Le pidió amablemente a la pareja que en total confianza pudieran hablar.

Katy fue audaz, estaba curiosa y definitivamente en sintonía con el trabajo del Espíritu Santo. Su amor por Dios y por la gente es contagioso, y así ella no viaje de ciudad en ciudad, hace lo suyo en eta parte de la ciudad.

A veces, cuando leo el libro de los Hechos, me sorprendo de lo diferente que es mi vida comparada con la del apóstol Pablo. Su única misión era proclamar a Cristo, y él viajaba de pueblo en pueblo proclamando las Buenas Nuevas. Lo hizo con un enfoque implacable, y eso es algo de lo que tengo una envidia increíble. Tengo cuatro hijos, así que no viajo mucho en estos días, pero constantemente estoy viendo maestros, empleados en los supermercados, vecinos, compañeros de trabajo y amigos. Aunque nuestras circunstancias son diferentes, nuestra meta es la misma que la de Pablo: proclamar las buenas nuevas de Jesucristo.

La Gran Comisión dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:19-20). Este no es solo un encargo para Pablo, también es para nosotras. Esto es lo que lleva a mi amiga Katy a compartir su historia de bondad y gracia. Esto es lo que nos empuja a no tener miedo, como Pablo, en nuestra proclamación de las Buenas Nuevas.

Nuestra misión, ya sea como empleadas, jefas, madres o amigas, es proclamar el buen trabajo que Cristo ha hecho en nuestras vidas. Algunas de nosotras podríamos viajar de ciudad en ciudad, confiando en el Espíritu Santo para que nos guíe. Muchas de nosotras nos quedaremos en la misma ciudad, confiando que el Espíritu Santo guíe nuestras palabras cuando interactuamos con nuestros compañeros de trabajo, niños, vecinos y otras personas que el Señor nos ponga en el camino.

Puede ser fácil mirar el libro de los Hechos y pensar que la manera intrépida en la que Pablo compartía el Evangelio fue solo para su época y temporada. Pero, así como las Buenas Nuevas de Jesús cambiaron vidas en el primer siglo, sigue cambiando vidas hoy.

 Esta semana, mientras lees Hechos, deja que el testimonio de Pablo y la obra del Espíritu Santo te alienten. Pasa un tiempo en oración pidiéndole a Dios que te dé valentía en los espacios que Él te ha colocado. Pídele a Dios que te ayude a escuchar la guía del Espíritu en tu propia vida y en la vida de los demás. Y recuerda la promesa que Dios nos hizo a nosotras que en la medida que avanzamos y compartimos Sus Buenas Nuevas: Él estará con nosotras siempre, incluso hasta los confines de la tierra.

Brittany

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Semana 5 – Desafío

Se nos ha dado la gran comisión de hacer discípulos en todas las naciones. ¿Qué estás haciendo hoy para hacer discípulos? ¿Qué puedes hacer esta semana para continuar propagando la verdad del evangelio y hacer discípulos?

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Semana 5 – Plan de Lectura 

Semana 5 – Versículo a Memorizar

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