Una vida aprobada y usada por Dios.

 “y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.” (Hechos 7:56)

¡Esteban había dado una  lección  de historia  para los libros!  Enfurecido por la verdad de la exposición de sus actos, el Sanedrín, cubriéndose los oídos y alzando la voz para no escuchar más, corrió hacia Esteban y lo arrastró fuera de la ciudad para que lo apedrearan.

Su reacción demostró el punto de Esteban:  ellos eran como sus padres, matando a los enviados por Dios.

Sin embargo, a través del odio de ellos, Esteban levantó la vista y vio a Jesús. No solo vio a Jesús, ¡vio a Jesús  DE PIE en su honor! ¡Oh, cómo eso trae lágrimas a mis ojos! Aunque aquellos a su alrededor lo odiaban, Jesús estaba de pie para honrar a Esteban y hacerle saber que estaba con él, incluso cuando todos los demás estaban en su contra.

Jesús no intervino milagrosamente aquel día para evitar que las piedras volaran y alcanzaran su objetivo. En cambio, se puso en pie para honrar una vida bien vivida.

Se me recuerda, a través de Esteban, que la duración de una vida no es lo que importa. Lo que realmente importa es lo que hacemos con los días que nos dan.

Esteban murió  joven, pero Dios usó la vida de aquel hombre joven para cambiar el curso de la historia y encender el mundo en fuego para Su gloria.

Debemos tener cuidado con lo que etiquetamos como tragedias y como éxitos. Desde un punto de vista mundano, la vida de Esteban puede ser vista como una tragedia, una vida muy corta. Pero desde el punto de vista de Dios, la vida de Esteban fue un fósforo que encendió el mundo en llamas, comenzando con su centella.

 ¿Cuál  fue la respuesta de Esteban a pesar del odio de los Sanedrines? Él  oró por ellos

“Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7:59-60)

A través de todo, Jesús continuó de pie en honor a la vida de Esteban.  A pesar  de cómo se veía, la vida de Esteban no fue desperdiciada.

Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo. Saulo no solo presenció el asesinato de Esteban, sino que también la aprobó.   (Hechos 7: 58, 8:1)

La persecución estalló ese día contra los cristianos en Jerusalén. Con la esperanza de destruir la iglesia, Saulo comenzó a enviar hombres y mujeres a prisión por su fe. Lo que Saulo no sabía era que estaba ayudando a que el evangelio se propagara mientras los cristianos huían a Judea,Samaria y otras partes del mundo.Demostrando que lo que Satanás pretende para mal, Dios puede cambiar para bien. Nunca olvides esa verdad. Era cierto en aquel entonces como lo es hoy.

Solo un capitulo después, Saulo tuvo un encuentro con Jesús y cambió su vida para siempre (Hechos: 9)  Su historia nos recuerda que nadie está demasiado lejos de Dios.  Desde el momento de su conversión, Saulo fue llamado Pablo.  Este simple cambio del autor de los Hechos mostró el dramático cambio en su vida y su conversión a la fe en Cristo.

Dios todavía está en la empresa de cambiar vidas. Lo que ha hecho en el pasado, lo puede hacer en el presente y en el futuro. Ninguna vida está demasiado lejos del alcance de Dios. Jesús todavía está haciendo visitas en la carretera.

Muchas veces he pensado acerca de esta historia de estos dos jóvenes hombres, Esteban y Pablo, y me pregunto si Pablo alguna vez pensó acerca de su participación en la muerte de Esteban.  Me pregunto cuántas veces pensó en las últimas palabras de Esteban y el perdón que extendió a la muchedumbre enojada.  ¿Le trajeron esos recuerdos consuelo o tristeza? ¿O, tal vez una mezcla de ambos?

Dios no desperdició el dolor y sufrimiento de Esteban;  tampoco desperdiciará el tuyo.

Hay un  plan superior para nuestras vidas, uno que no tenemos el privilegio de ver en este lado del cielo. Tal vez, como con Esteban, Dios está usando nuestro dolor y sufrimiento para atestiguar a un mundo que nos observa.  Tal vez, Él también está usando nuestras vidas para continuar con la llama.

¡Ama a Dios Grandemente!

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