Él mueve montañas

Pasé muchas, muchas mañanas en mi asiento en la iglesia. Solía sentarme, inquietarme y menearme. Algunos domingos estaba tan cansada de levantar a todos, alimentarlos, vestirlos y salir de la casa que dejaba caer mis pesados párpados. Solo por un minuto. Algunos años después, en mi nuevo viaje a la iglesia, Dios encendió un fuego en mí. Estaba emocionada, con los brazos abiertos, lista para la aventura con Él.

Simultáneamente, comenzó a realizar algunas tareas serias de limpieza. Yo sabía que había personas en mi vida que había puesto en pedestales y que debía destronar porque estaban sentadas en el lugar de Dios. Había puesto la comodidad por encima de la obediencia y ya era tiempo de acomodar mis prioridades. Pero tenía miedo del resultado porque pensaba que iba a ser duro. Tenía razón.

No solo nunca había reorganizado mis relaciones así anteriormente, sino que tampoco lo había hecho con el Señor. No hace falta decir que metí la pata muchas veces. Herí y fui herida. Me pregunté si algo se vería bien de nuevo alguna vez, si mi corazón sanaría, y cada día me preocupaba que las cosas se pusieran peor. A menudo así fue.

Una mañana de domingo, canté la primera canción en el servicio como lo hacía siempre. Palabra por palabra. Incluso sentí un calor que me invadió al cantar la letra de la segunda canción. En nuestra iglesia nos sentamos al comenzar la tercera canción para recoger las ofrendas y nos levantamos al final. Pero esa mañana estábamos aprendiendo una nueva canción. Una que no había escuchado nunca.

“Caminando alrededor de esos muros, pensé que ya caerían. Pero Tú nunca me has fallado.”

Esa era mi vida. Esta canción era sobre mí. Mi vida se siente como si se hubiera derrumbado por completo, mi corazón se ha desgarrado. Pero aquí estoy – viva y asida a la esperanza de redención. Él no me ha fallado. Siempre ha estado ahí. Lo veo mejor con esta canción.

“Esperando que llegue el cambio, sabiendo que la batalla está ganada. Porque nunca me has fallado todavía.”

¡Dios ha ido delante de mí y ganó la batalla! ¡Él no falla! ¡Y nunca me abandona! ¡No tengo nada de qué preocuparme! ¡Dios me tiene en la palma de Su mano soberana! Sin embargo, todo duele aún.

No volví a levantarme ese día. En lugar de eso, me hundí en mi asiento. Las lágrimas corrieron por mi cara durante el resto de la canción y por el resto del servicio. No estaba quebrantada, fue una liberación. Le di mi vida a Dios hace siete años, pero aún tengo que levantarme cada día y hacerlo de nuevo. Ese día le entregué algo más que estaba aferrando con firmeza: mi dolor.

Esa mañana marcó el final de mi período de luto y el comienzo de una relación aún más profunda con Dios. Le pedí gozo y confié en que Él redimiría esas relaciones. En los siguientes dos años, lo hizo. Ver cada herida sanar y ver a la familia junta de nuevo, pero de manera nueva, supuso una de las mayores alegrías de mi vida. Todavía veo los milagros que Él hizo en muchos corazones a mi alrededor.

Meses después de dejar un charco de lágrimas en mi asiento, mi iglesia tocó la canción (Hazlo de nuevo de Elevation Worship) de nuevo, pero esta vez no pude quedarme sentada.

“Te he visto mover, Tú mueves las montañas. Y creo que te veré hacerlo de nuevo.  Has hecho un camino, donde no había ninguno. Y creo que te veré hacerlo de nuevo.”

No puedo quedarme sentada por un Dios que ha caminado delante de mí, ha peleado, ha perdonado y ha resucitado por mí. ¡Él todavía realiza milagros y me regocijaré en Su nombre y en Sus obras poderosas! No me siento más durante la alabanza. Soy esa mujer que, en mi tranquila iglesia, se levanta y extiende sus manos al cielo en cada canción porque le ha visto moverse. Él movió las montañas.

“Regocijaos en el Señor siempre; Otra vez digo, ¡regocijaos!” Filipenses 4:4

Ahora tengo un profundo amor por canciones de alabanza y no me quedo dormida en la iglesia. Sé que tendré más pérdidas en mi futuro. Pero el futuro eterno que Dios nos ha dado en el cielo me hace querer levantarme, danzar y cantar. Así lo haré. Gracias Dios por el regalo de la alabanza.

“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo” Salmo 100:1-2

Todo por Su Gloria,

Amanda

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Desafío semana 5:

Esta semana volvamos nuestras preocupaciones en oraciones y nuestras bendiciones en alabanzas. A medida que la preocupación entra en tu mente, conviértela en oraciones de manera intencional. Céntrate no en el problema, sino en el que resuelve los problemas. Busca con propósito oportunidades para agradecer a Dios por las bendiciones en tu vida. Escribe al menos una bendición en tu diario cada día.

Semana 5 – Plan de Lectura

Semana 5 – Versículo para memorizar

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