Nueva Vida ahora


Nuestras lecturas de hoy muestran a dos mujeres en dos tumbas diferentes: María Magdalena en la tumba vacía de Jesús, y Marta, la hermana de Lázaro, llorando a su hermano fuera de su tumba.

En los sitios de estas dos tumbas hay resurrección. También hay evidencia de que las personas no entienden el verdadero poder de la resurrección.

Simón Pedro y Juan indagaron la tumba vacía de Jesús, pero aún no entendían lo que las Escrituras dejaban en claro: que Jesús resucitaría de entre los muertos. Marta le dijo a Jesús que sabía que su hermano resucitaría en el día postrero, pero aún no se daba cuenta de que Jesús estaba a punto de hacerlo mucho antes de lo que esperaba.

Nosotras también mal entendemos la resurrección. ¡Pasamos mucho tiempo hablando de “ir al cielo cuando morimos”, pero olvidamos por completo la promesa de la resurrección! Hay vida después del cielo, y con los cuerpos resucitados y redimidos que Jesús nos prometió. No estamos aquí en la tierra gastando nuestro tiempo, ocupándonos de hechos sin sentido hasta que podamos escapar al cielo. Estamos aguardando lo que Jesús nos permitió vislumbrar: cuerpos resucitados, viviendo en una creación redimida, experimentando la presencia de Dios sin estorbo.

En los versículos anteriores a Juan 11:25-26, Marta se despide del consuelo de Jesús al insistir en que ella sabía que un día, en un futuro lejano, Él volvería a la vida y todo sería restaurado. Cuando Jesús dijo: “Tu hermano volverá a la vida” (11:23), Marta estaba pensando en ese futuro lejano. ¡Pero Jesús insistió en que Él es la resurrección y la vida, la persona viva y que respira que ha irrumpido en nuestro mundo de muerte y decadencia para traer vida!

Marta estaba pensando en una verdad teológica abstracta, sin darse cuenta de que Jesús estaba a punto de tomar esa esperanza lejana y convertirla en realidad ese día. Es como si Jesús estuviera diciendo: “¡No, hay una promesa de una nueva vida ahora!”

No se nos promete una resurrección física de entre los muertos aquí y ahora, y todavía sufrimos hasta el día en que todo sea restaurado. No cesamos de esperar. Sin embargo, las promesas de la vida, muerte y resurrección de Jesús siguen siendo las siguientes: hay una vida abundante para vivir ahora mismo.

Jesús nos permitió vislumbrar el reino venidero de Dios: alimentó a los pobres y curó a los enfermos, consoló el duelo y jugó con los niños, incluso se aseguró de que se celebrara una boda correctamente. Parte de la promesa de la resurrección es que podemos experimentar y participar en vislumbres similares del reino venidero de Dios. El Espíritu Santo nos ha dado poder para servir en comunidad, consolarnos unas a otras y celebrar nuestras victorias juntas.

Durante los últimos años, tuve el privilegio de estudiar la Biblia con un grupo de mujeres jóvenes en mi iglesia, y este grupo ha sido una antesala del reino venidero de Dios. Nos abrazamos cuando los padres fallecieron, empacamos cajas y trasladamos a las personas a nuevos apartamentos, cocinamos juntas para celebrar el final de un posgrado o la redacción de un libro. Hemos experimentado una vida abundante juntas, vida que da testimonio de la verdad de la resurrección al vivir como si realmente es verdad.

Una de las formas en que compartimos el evangelio con los no creyentes es viviendo vidas abundantes. Esto no significa prosperidad financiera, éxito profesional o posesiones materiales; significa que vivimos como si la resurrección fuera realmente cierta y como si las promesas de Jesús fueran confiables, porque de hecho es así. Si realmente creemos que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y que ha prometido vida eterna a Sus seguidores, viviremos vidas diferentes. Viviremos vidas entregadas en sociedad, por el bien de los demás, regocijándonos en la promesa de nuestra resurrección. Nuestra esperanza es eterna: vida abundante ahora y una vida redimida y resucitada en el futuro.

Kaitlyn Schiess

Desafío Semana 6: Reflexiona sobre el primer encuentro de Jesús con María en Juan 20:15. ¿Cómo te hubieras sentido si estuvieras en la posición de María? Ella reconoció a Jesús por la forma en que dijo su nombre. ¿Cómo te consuela y te ministra Jesús de manera personal e íntima?

Plan de Lectura Semana 6:

Versículo a Memorizar Semana 6:

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