Sufriendo por nuestra fe

Una mujer dijo una vez:  “Amo  mi sufrimiento porque proviene de Dios.” ¿Puedes decir esto? ¿Amas tu sufrimiento porque proviene de Dios? Sé que yo no. El sufrimiento es duro y duele. Te aisla y te desalienta, pero también es algo que une a todos los humanos porque todos sufrimos.

Todos sufren

Los Puritanos escribieron mucho acerca del sufrimiento porque la pérdida y los tiempos difíciles eran parte de su vida normal. John Bunyan, por ejemplo, perdió a su primera esposa, tuvo una hija que era ciega, y estuvo en prisión por diez años por predicar en público.

La madre de Charles Spurgeon tuvo diecisiete hijos, de los cuales nueve no llegaron al primer año de vida. ¿Puedes imaginarte sepultar a nueve de tus preciosos bebés? El sufrimiento toca a todas las personas desde todos los tiempos y todas las culturas.

Una cosa que me llamó la atención en nuestro versículo de hoy es la frase “no te sorprendas.”  Frecuentemente actuamos sorprendidas  cuando atravesamos tiempos difíciles, pero no deberíamos. Nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestros corazones, nuestro mundo a veces no funcionan de la forma que se supone que deberían.  Hay tanta fragilidad que el sufrimiento debiera esperarse.

El sufrimiento tiene muchas razones

Sufriremos porque hay maldad en este mundo.  Sufriremos porque el pecado causa que las personas sean crueles y desconsideradas. Sufriremos porque el pecado nos provoca hacer y decir cosas que están mal, que hieren, y no glorifican a Dios. También sufrimos por causa de nuestra fe.

Sufriremos porque al hacer lo correcto en un mundo que celebra el pecado, seremos escarnecidas y ridiculizadas. Sufriremos porque  al levantarnos en el nombre de Dios seremos odiadas. Sufriremos porque la Biblia es nuestra regla de vida y el mundo la ve como pasada de moda, bárbara e intolerante. Esta es la clase de sufrimiento de que tratan nuestros versículos.

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.

Levantarse por lo que es correcto, proclamar el amor de Dios, tratar de vivir una vida santa, permanecer en la verdad de que existe el bien y el mal… todo esto será recibido por el mundo con insultos, ojos críticos, y muchas cosas peores. Algunos asumirán todo tipo de cosas falsas sobre ti. Otros harán todo tipo de cosas en contra tuya por tu fe en Jesús, el Hijo de Dios, el Rey de reyes, el Redentor de los quebrantados y perseguidos.

Al principio de Su ministerio, Jesús tenía muchos seguidores. Tan pronto  las cosas se pusieron difíciles, muchos de estos seguidores decidieron que por las dificultades no valía la pena seguir a Jesús, y desaparecieron (Juan 6:66). Esto era una señal de que sus corazones realmente no habían cambiado.

Permanecer firmes bajo las persecuciones es prueba de un corazón cambiado, prueba de que tenemos fuerzas que van más allá de nuestra capacidad humana, y una determinación dada por Dios para reponernos de todos estos insultos, heridas, mentiras, pérdidas y dolores porque nuestro Salvador vale la pena.

Sé fuerte cuando eres perseguida por tu fe, pues significa que tu luz está brillando ante los demás, que tu testimonio está siendo visto, y que Dios está siendo dado a conocer, aunque sufras por ello.

Algún día los perseguidos serán vindicados por Dios mismo (Salmos 43:1), toda lágrima será enjugada, toda herida será sanada y el gozo será eterno.

Hasta que ese día llegue, mantente firme!

Mirando a Jesús,

Jen

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