Bienaventurados los de limpio corazón 

Invitó a Jesús a cenar, sin reconocer quién era realmente su huésped.

Ella no fue invitada pero fue a la cena de todas maneras, para adorar y honrar a Aquel que tenía el poder de salvar su alma.

Ambos habían sido ciegos.

Simón, el fariseo, estaba ciego debido a su orgullo.

La mujer que lavó los pies de Jesús, en un tiempo estaba ciega al pecado de su carne.

Ambos buscaban al Salvador… solo uno Lo vio.

Simón, el fariseo, pensó que sabía qué estar buscando.

Tenía la lista de cualidades memorizada para reconocerlo rápidamente… el Elegido, el tan esperado Mesías.

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.”

(Miqueas 5:2)

“Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.” (Isaías 35:5-6)

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9)

Y sin embargo, pasados los años, aún no llegaba.

Entonces, un día, llega un hombre común. Este hombre cumple con algunas de las cualidades en la lista memorizada de Simón, pero seguramente no es el hombre que Su pueblo había estado esperando por tantos años. Este hombre era pues… decepcionantemente vulgar.

Ella, por otro lado, no tenía una lista memorizada. En su quebrantamiento, ella sabía lo que necesitaba, también sabía lo que era… una pecadora necesitada de un Salvador.

Ella reconoció quién era Jesús porque Lo vio a través de los ojos de la fe.

Un hombre no tenía amor en su corazón, el corazón del otro estaba lleno de amor.

Un hombre la despreciaba cuando la miraba, el otro tenía compasión.

La condición de nuestros corazones afecta la forma en que nos vemos unos a otros. 

La condición de nuestros corazones también afecta la forma en que vemos a Dios.

“Como en el agua el rostro corresponde al rostro,

Así el corazón del hombre al del hombre.” Proverbios 27:19

“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” Mateo 6:21

Simón, el fariseo, parecía que tenía su vida completa. Miró el papel, ¡rayos! interpretó el rol. Pero el exterior de su vida no reflejaba el interior de su corazón.

Ella, por otro lado, no se parecía a otra cosa que una mujer con un corazón puro. Cuando otros la miraban, la palabra “puro” no sería la primer palabra que les viniera a la mente… excepto a Jesús.

Dios mira el corazón, no la apariencial externa. 1 Samuel 16:7

Quizás tú, como yo, desees ver a Jesús un poco más claramente estos días… juntas, acerquémonos a nuestro Salvador con corazones puros dejando a un lado nuestro orgullo, nuestros pecados, nuestras listas de calificación y apropiémonos de quién es Jesús, cómo vino, y del increíble trabajo que ha hecho a nuestro favor. 

Jesús es el único que puede purificar nuestros corazones manchados de pecado. Que todas nos acerquemos a Él como lo hizo la mujer quebrantada en Lucas 7… con lágrimas de gratitud por Su extravagante amor, gracia, y redención. Solo así podremos ver verdaderamente a Jesús por quién Él es… nuestro amoroso, compasivo Redentor. 

Querido Señor, crea en mí un corazón puro y quebranta mi corazón con lo que se quiebra el Tuyo. Abre mis ojos para que pueda ver el mundo y mi pecado en la manera que Tú los ves. Ayúdame a verte más claramente en mi vida y a amar a los demás como me llamas a hacerlo. Entrego mi vida, mi voluntad… todo a Ti. En el nombre de Jesús, amén.

Ama a Dios Grandemente

Ángela

Semana 4 Desafío:

Ser limpio de corazón comienza con arrepentimiento.

¿Qué obstaculiza tu crecimiento como cristiano? ¿Qué amas más que a Dios?

Ven ante el Señor y honestamente confiesa las razones por las cuales no eres pura en tu amor hacia Él.

Clama a Dios por ayuda y busca renovar el fuego en tu corazón para Él.

Semana 4 -Plan de Lectura

Semana 4 – Versículo a Memorizar