Valiente para usar tus dones

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Necesitas saber esto hoy: has sido creada de forma única y dotada por el Creador del universo.

No eres un error. Eres una obra maestra.

El mismo Dios que puso la Tierra en movimiento, las estrellas en el cielo nocturno y los detalles en la flor, también hermosamente te hizo a mano.

Él te ha dado dones que son únicos para el propósito que Él tiene para tu vida, no para la vida de otra persona. No para la vida, que desearías haber tenido. No para el llamado, que crees que deberías tener. No, Dios te ha dado los dones que necesitas para desempeñar tu papel en Su increíble historia de amor redentora.

Es muy importante que sepas esto porque es importante que nosotras, como Cuerpo de Cristo, cada una de nosotras, desempeñemos nuestra parte única, trabajando en nuestras áreas con los dones que Él nos ha dado.

Nuestros cuerpos no funcionarían bien si fuéramos todos manos, piernas, corazones… seríamos un desastre y no lograríamos nada. No podríamos sobrevivir, y mucho menos poder hacer el trabajo que Dios nos ha llamado a hacer.

No, el cuerpo debe trabajar junto con el propósito común, sin embargo, cada uno tiene un don único en su especialidad. Solo necesitamos dos brazos, dos ojos, dos manos, dos pies, un corazón, una boca… y la lista continúa.

Y no necesitamos competir entre nosotras. La competencia solo daña el cuerpo y nos impide ser efectivas.

Así como nuestros cuerpos necesitan diferentes partes para funcionar, también lo necesita la iglesia. ¡Necesitamos que cada uno de nosotros estemos creciendo, sirviendo y viviendo para Jesús!

La diversidad en el cuerpo es evidencia de la sabiduría de Dios.- Warren Wiersbe

La diversidad conduce a la desunión cuando los miembros compiten entre sí; pero la diversidad lleva a la unidad cuando los miembros se cuidan unos a otros. – Warren Wiersbe

Pablo nos recuerda en nuestros versículos de hoy que operamos como una unidad, un cuerpo y no como muchas partes individuales.

Nuestros dones no son para que los atesoremos, ni para que podamos promovernos a nosotras mismas sobre las demás… no. Nuestros dones son para que compartamos, para mejorar a las demás que nos rodean, para ayudar a otras… a servir al cuerpo, no a ser independientes de él.

Al igual que cualquier equipo deportivo necesita varios miembros, cada uno jugando su posición, o mismo ocurre con el Cuerpo de Cristo. Dios nos ha regalado a cada uno de nosotros los dones exactos que todo el cuerpo necesita.

Estamos en nuestro mejor momento cuando servimos juntos como uno solo.

Y lo que nos une a todos, el “aceite” que ayuda a hacer que una máquina funcione, es el amor por el Cuerpo de Cristo.

El amor cubre multitud de pecados.

El amor se derrama sobre cada pieza y evita que se creen fricciones.

Seamos valientes y utilicemos los dones que Dios nos ha dado generosamente y dejemos de desear que se nos hayan dado diferentes dones.

Se necesita un equipo para ganar un partido de fútbol, ​​un jugador no puede jugar todas las partes. Es lo mismo para el Cuerpo de Cristo. Nos necesitamos la una a la otra, jugando con nuestros dones todas con el mismo enfoque… para traer gloria a Dios.

Ama a Dios grandemente,

Ángela

Traducido por Joanna Pérez de Merino

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