Fe que trabaja

S02-D05

 

Lo que hacemos, dice mucho de lo que creemos. Es como el dicho popular “las acciones valen más que mil palabras” Es muy fácil decir que tenemos fe en nuestros corazones, pero si esa fe no nos anima a movernos, a actuar o a producir fruto, ¿se puede considerar fe?

 

Lo que creemos en nuestro corazón debe ser evidente en la manera en la que vivimos. Podemos creer que Dios habita en nuestros corazones y queremos hacer lo que a Él le agrada, pero es esa evidencia del fruto en la manera en la que vivimos, hablamos y en lo que hacemos lo que muestra nuestra fe genuina.

 

Creo que eso es lo que Santiago está tratando de aclarar en el pasaje del capítulo 2:14-26; no es la cantidad de veces que afirmamos que tenemos fe y que somos creyentes en Dios, sino la manera en la que presentamos esa fe con nuestras acciones, siguiendo lo que Dios nos indica hacer en acuerdo con Su Palabra.

 

Como dice en Santiago 2:17

 

 

“Así mismo la fe, si no presenta obras (hechos o actos de obediencia que la sostengan), por si misma es carente de poder (inoperante, muerta)

 

Dios nos está enseñando que nuestra fe se activa y se acrecienta en poder por el Espíritu que habita en nosotros. Realmente es como cultivar un corazón obediente, amoroso y atendiendo las necesidades de los demás, haciendo lo correcto, incluso en esos momentos en los que no es fácil o conveniente, reflejando de esa manera el amor, la gracia y la misericordia de Jesús a las personas de nuestro mundo.

 

En nuestra vida, nos encontraremos muchas situaciones o necesidades, las cuales nos darán la oportunidad de poner nuestra fe en acción. Y en esos momentos Dios quiere que crezcamos y maduremos en nuestra fe, para que esta no sea solo una cosa de nuestra lista que nos asegure el destino eterno, sino una oportunidad de ser ese ser viviente, que respira y que en sus frutos muestra la fidelidad, gracia, amor y poder de Dios en nuestras vidas y ser de ejemplo a los demás.

 

Cuando damos un paso de obediencia y ministramos en amor y gracia; cuando ayudamos a alguien en necesidad; cuando hacemos lo correcto, ponemos en práctica lo que Dios nos ha dicho que hagamos. Y cada vez que lo hacemos, se aviva la llama de nuestra fe y observamos cómo Dios trabaja en nuestros actos sencillos de obediencia. Allí es cuando deja de ser una teoría o una buena idea para los demás, y empieza a mostrar el fruto en nuestras vidas; fortalece y construye nuestra fe.

 

No debemos preocuparnos por ser aprobados por Jesús– Él ve nuestros corazones, y fielmente camina a nuestro lado en nuestro crecimiento y aprendizaje. Él no nos pide que comencemos a esforzarnos o a rendir por medio de una cantidad de buenas obras o acciones para calificarnos, ganar la salvación o permanecer en Su lado Bueno.

 

El trabajo en el que debemos comprometernos es aquel que permite ser ejemplo a aquellos por fuera de nuestra congregación o ministerio.

 

Muchas veces, Dios nos hace el trabajo simple, y sin embargo allí también se requiere acción. Puede ser que Dios nos anime a que veamos a alguien que necesita ayuda, en lugar de movernos a un lado o simplemente mirar desde lejos, cuando tenemos la habilidad y el poder de ayudar. (Un gran ejemplo de esto lo encontramos en el ejemplo del samaritano en Lucas 10:25-37.)

 

Si podemos aprender a ver las oportunidades que vienen a nuestras vidas no solo como una oportunidad para hacer una buena acción, sino como una forma clave en la que nuestra fe se fortalece y se ve superada, podemos comenzar a ver cosas extraordinarias y milagrosas en nuestro tiempo que nunca podríamos haber imaginado que Dios podría hacer en y a través de nosotros.

 

 

Nuestra fe se enriquecerá y fortalecerá, no porque nuestras acciones sean las que hacen la diferencia, sino porque el poder de Dios se presenta por medio de nuestra fe y hace un trabajo grandioso, para nuestro beneficio y el de los demás, y para Su Gloria.

 

Amo la “galería de la Fe” del capítulo 11 de Hebreos, porque podemos observar muchos de nuestros héroes. Ellos vivieron por la fe e hicieron lo que Dios les dijo que hicieran. Como resultado, ellos vieron maravillas extraordinarias. En nuestro crecimiento podemos aprender lo mismo, podemos ser como aquellos que

 

“Por medio de actos de fe, conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas…” (Heb 11:33).

 

Pienso que todas queremos experimentar ese tipo de fe, y que podemos crecer por el poder de Su Espíritu que trabaja en y por medio nuestro, en el nombre de Jesús.

 

Con Amor,

 

Andrea

 

 

 

 

 

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