Un discípulo desconocido

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Bienvenidas a la semana 3 de nuestro estudio sobre los 12 discípulos de Jesús. Esta semana estaremos viendo a algunos hombres de los que no se sabe mucho. Uno de ellos es Santiago, el hijo de Alfeo, también conocido como Santiago el menor o Santiago el joven.

Es ahí donde nuestro conocimiento de Santiago termina. Algunas tradiciones dicen que era el hermano de Mateo, mientras que otras dicen que era e hermano de Judas, pero no hay evidencia real para ninguna de las dos hipótesis. La verdad es que no necesitamos realmente saber más sobre él, si no, Dios nos habría provisto con más información.

Pero sí hay algo que sabemos. Santiago se quedó con Jesús cuando muchos de los discípulos de Cristo se fueron. Él amaba y creía a Jesús, y, de la misma manera que los otros discípulos más conocidos, recibió al Espíritu Santo (Hechos 2:1-4).

También sabemos que la herencia que recibió de Dios fue gloriosa y más allá de cualquier descripción. Algunos de los discípulos fueron llamados a dar un paso al escenario bajo las luces mientras que otros fueron llamados a jugar un papel menos conocido y más normal. Jesús murió por todos ellos y todos eran importantes para la obra del reino y el avance del evangelio.

Esto debería ser de ánimo para todos. Santiago el menor es menos conocido para nosotros, pero no es menos conocido para el Padre. Así es con cada uno de nosotros. Somos amadas por el Padre compradas por el Hijo y el Espíritu Santo habita en nosotras. Nuestra capacidad de glorificar a Dios no aumenta por el tamaño de nuestra plataforma o el brillo de las luces. No tenemos que ser conocidas o hacer tareas que dejen a otros con la boca abierta. Simplemente necesitamos ser fieles en las tareas que Él ha puesto ante nosotros. Todos tenemos el mismo Espíritu Santo que Juan y el resto de los discípulos tenían. Tenemos el mismo futuro prometido y la misma herencia esperándonos.

Ser más conocidos no nos hace más santos ni es una señal de un amor más grande de parte de Dios. Somos eternamente amadas y creadas en Cristo Jesús para amar. Jesús nos hace santas y nuestra santidad glorifica a Dios a medida que crece en nuestra vida por ordinaria que sea.

No sabemos nada sobre Santiago, el hijo de Alfeo, pero sí sabemos que estaba dispuesto a dejarlo todo atrás para seguir a Jesús. Él glorificó a Dios tanto como Pedro, y de igual manera puedes hacerlo tú, ahí donde estás.

Mirando a Jesús,

Jen

 

Desafío Semana 3: Escribe: “Estoy llamada a glorificar a Dios exactamente en el lugar en el que Él me ha puesto” en una tarjeta como recordatorio en esos momentos en los que creas que no estás haciendo “grandes cosas” para Dios.

Plan de lectura semana 3 –

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Versículo para memorizar semana 3 –

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