El siervo líder

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A veces leo la Biblia como si estuviera mirando una película. Quiero que el bueno gane, y estoy esperando secretamente que Jesús estalle de repente y ponga a los malos en su lugar. Esto es lo que la gente de la época de Jesús quería – y, francamente, esperaba – que su Salvador hiciera. Ellos querían un héroe que mostrara su poder y derrocara a los romanos; uno que elevara su calidad de vida y la situación socio-política. Pero ¿sabes qué? Esa escena culminante nunca sucede a la manera que Hollywood habría escrito el guion (* alerta de spoiler: Dios aún gana).

Jesús es el primer líder siervo, y los versos del día de hoy son explícitos en instruirnos a hacer lo mismo. “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. No es así con usted. En cambio, el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10: 42-45).  Este modelo era casi incomprensible para la gente de la época de Jesús – incluso para los discípulos.

Santiago y Juan le pidieron no sólo un favor a Jesús, sino también que Jesús les mostrara su preferencia al sentarlos a su derecha y a su izquierda. Pedían lugares de prestigio y poder. Estos discípulos habían mal entendido lo que Jesús había estado tratando de enseñarles acerca de su venidero reino eterno.

Hay varios detalles que podemos considerar para entender mejor la mala interpretación de los discípulos:

  • La naturaleza humana: somos gente imperfecta, y ser egoísta es innato. ¿Alguna vez has soñado con ser exitosa o necesaria o salvar el día? Yo sí. ¿Has deseado trabajar sin descanso y sin ser vista o reconocida, o ser perseguida por tu fe? Yo tampoco. No es mi motivación principal, pero me gusta que la gente se dé cuenta de mi trabajo duro y que celebre mis logros.

Ser desinteresada y tener motivos puros requiere dedicación y práctica, y el poder transformador del Espíritu Santo en nuestras vidas.

  • Influencias culturales: Mi concepto de “normal” tiene la forma (y es deformado) por crecer en la cultura occidental. Nuestra cultura premia a las personas que vencen los límites y se valen por sí mismas. Imagino cómo hoy en día la gente podría etiquetar a Santiago y a Juan con osadía con términos como: asertividad, liderazgo, valor, confianza en sí mismos. Jesús les habría etiquetado como: orgullosos, equivocados, siervos de sí mismos. (Tengan en cuenta, sin embargo, que Jesús no se dio por vencido con ellos; Refinó a Santiago y a Juan con el tiempo.) Nuestra cultura da poco valor a ser un siervo.
  • Presión de la familia: Curiosamente, en Mateo 20:20, la madre de Santiago y de Juan le preguntó a Jesús exactamente la misma pregunta para sus hijos, y su padre era un pescador relativamente rico. Criar niños que estén enfocados en sus derechos es uno de mis mayores temores, y me pregunto si se sentían con un sentido de mérito dada su educación financiera superior a la media.

Así que, sí, el liderazgo de servicio es difícil, pero creo que hay que extraer de este modelo mucho ánimo, también. No tienes que ser un CEO para ser valiosa. No tienes que pertenecer a todos los comités o tener todos los grados. Todas estas cosas están muy bien, pero no son requisitos para refrendar tu valor como persona o para asegurar tu lugar en el reino de los cielos. No se requiere ninguna hoja de vida o tu genealogía en las puertas de perlas.

El liderazgo de servicio está en la rutina diaria.

Es amar a tus hijos, tratando de ser modelo y enseñarles un comportamiento semejante al de Cristo.

Es apoyar a tu cónyuge, ser fiel en la oración y la acción de la alianza que comparten.

Es ser alentador de amigos.

Es ver el potencial de las personas y trabajar para ayudarles a desarrollar sus talentos y habilidades.

Es ofrecer tu tiempo y experiencia en tu iglesia o tu comunidad.

Es correr para hacer las tareas, aún las de baja categoría, ya que se tienen que hacer.

Es conducirse con una medida adicional de gracia, misericordia y paciencia con las personas dentro del círculo de tu influencia.

Es mantenerse firme, tratando de cultivar “el gozo de la fe” (Fil 1:25) .

Es intentar dar gloria a Dios en cada situación.

 

Santiago y Juan, en última instancia, se convirtieron en grandes líderes siervos, y punteros del Evangelio. Fueron perseguidos por sus creencias (como predijo Jesús cuando dijo: “Van a beber la copa que yo bebo…” en Marcos 10:39). Sin embargo, se mantuvieron fieles al punto de ejecución (Santiago) y el exilio (Juan).

No somos perfectas en nuestra humanidad o perfectas en nuestra fe, por lo que nunca seremos perfectas siervas líderes. Afortunadamente, Dios no nos llama a ser perfectas. Él nos llama a ser fieles.

Creemos en un Mesías servidor, que nos rescató con su propia vida. El dicho es cierto que las acciones hablan más que las palabras. Intencionadamente servir es dar vida a lugares muertos. Es ver transformar nuestros hogares, nuestras empresas, nuestras iglesias. Vamos a fortalecer la comunidad de los creyentes y a ganar el mundo para Cristo sirviendo a su gente.

Gracia y Paz,

Sara 

Traducido por Joanna Pérez de Merino

 

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One Reply to “El siervo líder”

  1. Hermosas reflexiones y comentarios, las amo queridas hermanas, y aprecio mucho sus enseñanzas, las admiro por su forma de desglosar las citas, ojalá yo algún día pueda hacerlo para edificar a otras y para l gloria de Dios!

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