Jesús salva a los pecadores

S6D3

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

1 Timoteo 1:15-17

 

Aquí lo dice todo, Jesús vino a salvar a los pecadores, y nosotras, al igual que Pablo, somos las primeras entre ellos.

La razón de la ocasión.

¡La venida! ¡Él vino… por nosotras!

Adviento es la venida del precioso, inmerecido regalo que el Dios del Universo nos dio a cada una de nosotras. Lo hizo. Fue entregado a nosotras en un pequeño y dulce pesebre y Él nos susurra: “Vine a hacerte libre. Vine a recuperarte, y para siempre, siempre amarte.”

Deja que esto profundice en ti. Siéntate por un momento. Toma un minuto y piensa en lo que Dios realmente te ha dado esta Navidad. Sí, es tan fácil pasarle por encima, tomarlo a la ligera, y que se pierda en medio del caos de las ocupaciones. Pero no lo permitas. Absórbelo. Este Adviento lo recordamos. Él vino por TI.

Y esta venida es sólo el comienzo. Nos dirige a la Cruz. Nos dirige a la misericordia {versículo 16}. Pero no nos deja allí. Nos señala que hay un propósito. Nosotros, al igual que Pablo, podemos mostrar a Cristo a un mundo que nos observa. ¡Somos portadores de la imagen! Somos sal y luz. Somos la luz que no se puede ocultar bajo la mesa. Así que esta época, en medio de la publicidad y alboroto, que el mundo nos oiga alto y claro, alabando juntos, diciendo:

“Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. ¡¡Amén!!”

Déjalo resonar en tu corazón con gratitud por lo que Él ha hecho por ti. Deja que se eleve de tus labios en tu casa, en el supermercado, las fiestas, y en todas partes. Seamos un pueblo que reconoce la misericordia que nos ha sido dada, y personas que no pueden esperar para contar esa historia.

Feliz Navidad desde Uganda,

joy-signature

 

Traducido por Joanna Pérez de Merino

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