Estimando a los demás

El cuerpo de Cristo

No soy una especialista en anatomía humana, pero quiero invitarles a que brevemente y de manera muy general podamos repasar un poco lo relacionado al cuerpo humano, y al hacerlo pensemos en que cada una de esas partes somos todas nosotras. De esta forma podemos a simple vista ver en nuestro cuerpo lo diferentes que son cada una de sus partes, tanto en la forma, como en la textura, en el color, en su  función, etc.

Hay partes del cuerpo que tienen una dureza y resistencia muy especiales con respecto a otras, como los codos o las rodillas. Hay así mismo partes que son muy delicadas, extremadamente sensibles, como nuestros ojos, o el dedo pequeño del pie. Algunas áreas requieren un cuidado especial, mucha limpieza, mientras que otras son capaces de reponerse de traumas como golpes o heridas, y a pesar de ello pueden inclusive seguir funcionando sin importar el dolor.

La Escritura utiliza con tanta sabiduría algo que conocemos muy bien, como lo es nuestro cuerpo, para enseñarnos el modelo del Padre acerca de lo que es vivir en comunidad, para mostrarnos lo relacionados que estamos y lo imposible que es el separarse de ese cuerpo y sobrevivir.

Creo que en esto como en cada asunto que la palabra nos enseña debemos ser re enseñadas, necesitamos despojarnos de conceptos con el propósito de abrazar los pensamientos de nuestro Dios. Podemos repasar esta semana algo que ya hemos estudiado muchas veces y quedarnos hasta ahí, volvimos a leerlo una vez más fin! o podemos en esta ocasión, determinar nuestro corazón, prepararlo para que sea sanado y transformado hasta lo profundo.

La Escritura declara: Romanos 12:3a “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener….”

Aprendemos a la luz de la Palabra, de las vidas de hombres y mujeres esta hermosa verdad, leemos acerca de aquellos a quienes se les llama los grandes héroes y heroínas de la fe, algunos de ellos pasados por muchas pruebas, otros simplemente gente a la que únicamente se le dedican unas cuantas líneas, pero aunque pocas, no dejan de proclamar su ejemplo y fidelidad.

La iglesia, el cuerpo de Cristo, no fue pensada como un lugar para crear “ministerios estrella”, no fue establecida para hacer que unos cuantos puedan tener los reflectores y la admiración del resto. No se hizo para desarrollar un cuerpo deforme con áreas crecidas de más y otras anuladas en su funcionamiento. La iglesia nació en el corazón de Dios mismo cuando creando a Adán y Eva quiso tener comunión con ellos por igual. Porque nuestro Dios, del mismo modo que nosotros como padres hacemos con nuestros hijos, que sabemos las diferencias que hay entre ellos, conocemos su potencial, sus áreas débiles, pero cada día les vamos moldeando, les enseñamos cómo vivir, les corregimos y apoyamos para que en lo individual cumplan su propósito en Dios. Del mismo modo nuestro Creador trabaja en nosotros a través de la iglesia donde nos reunimos, donde servimos y nos relacionamos. Y que fue hecha para establecer el reino de Dios en la tierra, ¿cómo? mostrándolo a Él a través de nuestras vidas…

Efesios 4:16 “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Y es que las formas de Dios tienen el propósito de venir a romper con nuestros esquemas, con los modelos que nos hemos hecho en nuestra mente, si no fuera así no podríamos entender de qué se trata el reino de Dios, no podríamos entrar en él. Un ejemplo de esto, son los fariseos, ellos eran hombres conocedores de las escrituras, de las promesas, de cada profecía. Sin embargo, a pesar de toda esa letra en ellos, no fueron capaces de dejar a un lado sus conceptos, no pudieron ver al que les hablaba, ellos se habían hecho ya un dibujo en sus mentes y ese pobre hijo de carpintero, sin riquezas ni lujos, sin ejércitos o carruajes, no empataba con la idea preconcebida que ellos se habían hecho de un salvador. El reino estaba ahí frente a sus ojos, el Hijo de Dios les hablaba, pero no pudieron recibirle, porque su entendimiento había sido ya entrenado, enseñado a pensar y juzgar de acuerdo al modelo de este mundo natural, no a la manera de Dios que es a través del Espíritu.

En el asunto de las relaciones interpersonales, uno de los temas centrales es el perdón que podríamos decir, es como el tuétano en el hueso. Si en las coyunturas llegara a faltar esa goma viscosa que da movimiento, soporte, que permite estirar ligamentos, ese hueso se atrofia, pierde movilidad, se endurece. Así también sucede en nuestra vida. La falta de perdón nos hace que perdamos movilidad, perdemos capacidades, nuestros alcances se hacen menores. Pudiendo en Dios hacer y alcanzar mayores metas, obtener grandes victorias, ganar almas, glorificarle en nuestro diario vivir, nos perdemos de lograr todo eso debido a nuestra falta de perdón, a nuestras falsas concepciones mentales, al permitir que nuestra vida se quede anclada a situaciones dolorosas y amargas del pasado.

Muchas veces permitimos que enseñanzas de hombres contrarias a la palabra, nos moldeen volviéndonos en algunos casos cristianos exigentes, legalistas, religiosos. Algunos incluso podemos tomar una postura apática, y no queriendo ceder nuestros argumentos, nos conformamos a vivir una vida cristiana “estándar”. Sobre todo esto la Escritura nos advierte…

Hebreos 12:14-15 “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados.”

Amadas, el reino de los cielos sufre violencia, está en guerra contra todo eso que quiere atar nuestras vidas, nuestro ser productivas en Dios. El reino de los cielos al que pertenecemos por el lavamiento con la sangre de Cristo, no consiste en comida ni bebida, para que vivamos cada día afanadas por ello. El reino al que hemos sido trasladadas es uno del cual no somos dignas por nosotras mismas o por nuestras obras. Sin embargo hemos sido hechas partícipes de el por el sacrificio de nuestro Señor Jesús. Esforcémonos pues por este reino, peleemos cada día la batalla de la fe, peleemos por nuestra santidad, por guardar la unidad estimando cada uno a los demás como superiores, como más dignos de ser atendidos, de ser escuchados. Despojémonos del viejo yo, del hombre carnal, del natural que busca lo suyo. Y vistámonos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

1 Corintios 12:26. “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.”

Sirviendo al Rey con gozo…

Silvia Sánchez de Salazar

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3 Replies to “Estimando a los demás”

  1. Gracias. A leerlo me doy cuenta que no estoy sola y que debo estar en unidad con todos los hermanos de la iglesia. Me doy cuenta que cada uno es importante en el lugar donde Dios nos ha puesto. Mil gracias.

  2. y todos seremos enseñados por Dios, dice la escritura…la iglesia, no es un lugar fisico, no es uan estructura hecha por mano de hombres..somos todos aquellos que nos hemos reconciliado con nuestro Padre Celestial, dbe ser un lugar de edificacion mutua, de crecimiento.donde debemos dejar atrás los rudimentos como lo dice el apostol Pablo y pasar a comer ” comida completa”..donde establezcamos su Reino en nuestros corazones y de alli a establecerlo en esta tierra,herencia suya..la iglesia de Cristo dbe SALIR, asi como El Señor le dijo a Lázaro ” sal fuera” asi nosotros, la cual iglesia somos, debemos salir,hacer conocer,transmitir que tenemos un PADRE CELESTIAL, que no somos huerfanos, que somos sus hijos y coherederos junto con Cristo de esta tierra..gracias amada Silvia,doy gracias al Padre por ponernos juntas aunque sea por esta via y edificarnos,gracias a EL..Un abrazo!!

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