Corazones Humildes

efesios3.8{Foto por Laura, Arte y Diseño para Cristo}

En la primera mitad de Efesios Pablo nos dice que había sido perseguido por su predicación. Durante su encarcelamiento, Pablo habla de lo que él llama un “misterio”, el hecho de que, en Cristo, judíos y gentiles son un pueblo. Este misterio, este aspecto del evangelio humilla a Pablo en varias formas y es esa humildad de Pablo en particular lo que llamó mi atención.

El versículo en el que quiero centrarme es Efesios 3:8, en el que Pablo dice que es “menos que el más pequeño de todos los santos”. No hace este tipo de afirmaciones en muchos lugares. Es más, si vemos las cartas en las que comenta cosas parecidas, vemos que cuanto más tardías son en el tiempo, más decrece su visión sobre sí mismo: en 1 Corintios 15:0 dice que es el “menor de los apóstoles”, en Efesios 3:8 dice que es “el más pequeño de todos los santos” y en 1 Timoteo 1:16 se refiere a sí mismo como el “peor de los pecadores”. Cuanto más siguió Pablo a Jesús, más humilde se fue volviendo. ¿El secreto? Jesús cada vez se hacía más grande y Pablo más pequeño.

Antes de poder comprender la belleza de la humildad, tenemos que comprender la fealdad del orgullo. El orgullo tiene su raíz en la ignorancia, en la ignorancia de quiénes solos realmente y de quién es Dios. Es una visión inflada de uno mismo que pone a Dios y los demás en segundo lugar. No hay nada bueno en el orgullo.

¿Les gritas a tus hijos cuando no te escuchan? Esto viene generalmente de sentir que hemos sido afrentadas más que porque hayan desobedecido o estén en peligro. ¿Te pones a la defensiva cuando tus palabras o acciones son objetadas? ¿Hablas sobre alguien a su espalda? Todas estas cosas son formas de orgullo. El orgullo alimenta la envidia, porque creemos que merecemos lo que otros tienen. Eso nos hace odiar el pensamiento de que otros puedan creer que no somos tan organizadas, ricas, disciplinadas, talentosas o santas como decimos que somos. Incluso peor, el orgullo nos hace como Satanás. Y Dios odia el orgullo.

Proverbios 16:5 – Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; Ciertamente no quedará impune.

Lo contrario al orgullo es la humildad. Pero la humildad no es pensar que somos perdedoras sin ningún valor. La humildad verdadera es pensar justamente de nosotras mismas, tal y como somos ante Dios. Somos creadas a imagen de Dios (tenemos dignidad y valor), somos pecadoras que merecen el juicio de Dios, pero en Jesús somos santas e irreprensibles.
Los humildes son conscientes de su ignorancia y debilidad, lo que les lleva a los brazos de Dios buscando fuerza y a los pies de Jesús buscando sabiduría. El humilde es sensible hacia los demás y refrena su queja. Como Pablo, una mujer humilde sentirá gratitud en las tareas variadas que Dios le asigne.

Así que, cuando Pablo dice que es el menor de todos los santos, él se ve como es realidad: un santo, perdonado e inmensamente amado por Dios.

La humildad nos recuerda ponernos a nosotras mismas bajo la completa autoridad de Dios (Santiago 4:10).
La humildad nos recuerda lo dependientes que somos de la gracia para todas las cosas (Santiago 1:21)
La humildad nos recuerda lo lejos que estamos de la perfección (Proverbios 12:15)
La humildad nos recuerda que merecemos juicio, pero que hemos recibido misericordia (Romanos 4:5)

¿De qué forma podemos crecer en humildad? Mediante 3 simples hábitos:

1. Orar – necesitamos orar para que Dios abra nuestros ojos cuando luchamos con e orgullo y para que nos dé corazones humildes.

2. Practicar – La humildad no nos sale de la noche a la mañana. Por ejemplo, examinar tu corazón y morderte la lengua ¿Por qué quieres decir lo que vas a decir? ¿Por qué vas a actuar así? Evaluar tus pensamientos y acciones es una señal de sabiduría.

3. Seguir a Jesús
Sólo aprenderemos a ser humildes cuando sigamos de cerca a Jesús.

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2:5-8

Mirando a Jesús,

Jen – GoodMorningGirls

 

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3 Replies to “Corazones Humildes”

  1. Aunque sea difícil tenemos que practicar el mirar constantemente a Jesús. Es verdad, solo podemos ser humildes si seguimos fielmente a Jesús.

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