El Cuidado de Dios por los Justos

A medida que continuamos en nuestro estudio de Génesis, vemos a Abraham reconocer el cuidado de Dios por los justos. Dios decidió revelarle a Abraham Su plan para destruir la ciudad de Sodoma. Dios no necesitaba decirle a Abraham lo que iba a hacer, pero eligió permitir que Abraham (y nosotros) viéramos Su carácter y Su corazón por los justos, así como Su santidad e ira mientras lidiaba con la injusticia.

La intención de Dios de destruir la ciudad parecía contradecir el carácter de Dios. Abraham conocía a la gente de la ciudad – había rescatado a muchos de ellos – y, si fueran justos, no sería equitativo (al menos desde una perspectiva humana) que Dios los destruyera. Destruir a los justos junto con los malvados contradiría el carácter amoroso de Dios.

Abraham continuó suplicando a Dios, y Dios respondió y concedió la petición de Abraham.

Aunque Dios se había propuesto destruir la ciudad de Sodoma, escuchó la súplica de Abraham. Dios cambió de opinión y prometió destruir la ciudad solo si había menos de diez justos. Dios estaba dispuesto a perdonar a los malvados de la ciudad por el bien de unos pocos justos. Su justicia se muestra en Su disposición a perdonar a los justos, aunque perdonar a los justos solo era posible al permitir que los inicuos continuaran en su iniquidad.

Al final, Dios destruyó a Sodoma. No había diez justos en la ciudad, y fue destruida, con la excepción de Lot y sus dos hijas.

Dios honró la petición de Abraham cuando destruyó la ciudad (Génesis 19:29). Vemos la santidad de Dios a través de Su respuesta a los malvados y Su cuidado por los justos. Salvó a las pocas personas justas que vivían en la ciudad, pero destruyó a los malvados.

“Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque el Señor conoce el camino de los justos, Pero el camino de los impíos perecerá.” –Salmos 1:5-6

Si bien nunca entenderemos completamente las decisiones de Dios, la intercesión de Abraham por el pueblo de Sodoma revela mucho sobre el carácter de Dios. Dios fue paciente, no solo con Abraham, sino también con el pueblo de Sodoma. Cuando nos preguntamos si Dios escucha o no nuestros clamores por justicia, a veces lo que vemos como inacción por parte de Dios puede ser en realidad Su mano salvadora. Su justicia nunca se aplica mal.

Cuando la injusticia o la maldad persisten en nuestro mundo, podemos estar seguras de que no está fuera del control y disposición de Dios para actuar. Nunca podremos entender completamente las formas en que Dios actúa, las razones por las que hace lo que hace o cómo cumple Sus propósitos. Incluso cuando el mal persiste, podemos creer que Dios guarda el camino de Su pueblo. Puede que los malvados no vean su destrucción en esta tierra, pero podemos creer que el propósito de Dios siempre prevalece. Nunca se deja engañar. Nunca es superado. Nunca lo toma desprevenido. Nuestro Dios es justo y se preocupa por nosotras más profundamente de lo que podemos comprender.

Melissa

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