El Comienzo de una Nación

“Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo. Porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.” Gálatas 6:14–15

Hoy somos testigos del comienzo de la nación de Dios. Dios tomó a un hombre, Abraham, y dijo: “Te escojo para que seas el hombre a través del cual haré maravillas”. Y luego hizo una promesa. Prometió aumentar, a partir de este hombre, una nación que pertenecería a Dios. Él sería de ellos y ellos serían Suyos. Él sería el Protector de Su pueblo, el Fiel cuando ellos son infieles, el Fuerte cuando ellos son débiles.

¿Te imaginas lo confundido y abrumado que debió haberse sentido Abraham?

A veces es fácil pensar que somos tan buenas cristianas que leemos nuestras Biblias, oramos, vamos a la iglesia y obedecemos todas las reglas. Pero si pensamos de esta manera, tenemos una visión inexacta de nosotras mismas. Fallamos a diario, somos infieles cada vez que elegimos el pecado, somos débiles y nos distraemos con facilidad. Podemos tenerlo todo por fuera, pero nuestro corazón dice la verdad.

Cuando Dios hizo Su pacto con Abraham, hizo todo el trabajo para que nadie de Su pueblo tuviera motivos para jactarse de lo grandes que son.

Tal como dijo Pablo: “Lejos esté de mí el gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Dios obró a través de Abraham y todos sus defectos para crear un pueblo para Él mismo.

Jonathan Edwards dijo una vez: “No contribuimos con nada a nuestra salvación, excepto con el pecado que lo hizo necesario”.

Es fácil compararnos con otros pecadores y pensar que somos mejores. Debemos protegernos de esto. No somos mejores. Pecamos y merecemos el infierno, pero por la promesa y la misericordia de Dios hemos sido salvas. El castigo que merecíamos nos ha sido quitado y colocado sobre Jesús y, en cambio, somos colmadas de bendiciones que definitivamente no merecemos.

Mientras continuamos con la historia de Abraham, recuerda que estamos siendo testigos de cómo Dios crea una nación para Él mismo, donde Él será su Dios y, a pesar de toda la rebelión de ese pueblo, Él permanecerá fiel.

Mirando a Jesús,

Jen

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