Soy conocida por Dios

Todas queremos ser conocidas. Incluso si eres una persona extremadamente introvertida, quieres ser conocida.

Queremos que haya al menos una persona con la que nos sintamos tan cómodas que podamos compartir cualquier y todas las cosas con ellas, lo bueno, lo malo y lo feo, sin temor a ser juzgadas o a perder la relación. Pero muchas de nosotras no tenemos una persona que nos conozca profundamente. Puede que tengamos miedo de abrirnos a las demás o que hayamos experimentado amistades quebrantadas y haber sido heridas por compartir demasiado. Sea como sea, todas queremos que nos conozcan y nos amen por lo que somos a pesar de nuestros errores.

Esta es la belleza del Salmo 139. En él aprendemos que hay alguien que nos conoce tan profundamente que ve cosas que ni siquiera vemos nosotras mismas. Dios conoce cada detalle de ti y de mí.

“Tú sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; incluso desde lejos entiendes mis motivos”. – Salmo 139:2

Antes de que pensemos un pensamiento, Dios lo conoce y aún así nos ama. Antes de que actuemos, Dios sabe lo que vamos a hacer y aún así nos ama.

Tal vez puedas pensar en alguien que haya dicho o hecho algo que te haya impactado. Tal vez te han confiado algunas de sus luchas que te sorprendieron. Siempre asumimos que los demás tienen todo resuelto, pero nadie lo tiene. Somos pecadoras, luchando con el pecado, a veces sobrellevándolo y a veces fallando. A veces esos fracasos son enormes y de enormes consecuencias, pero aún así somos amadas por el Señor.

Él sabe, Él ama y Él perdona porque Él nos hizo y nos redimió.

Más difícil que aceptar esa verdad, es actuar de la misma manera hacia los demás. Debemos ser como Jesús y por ende aprender a amar, aceptar, ayudar y estar al lado de las que se abren a nosotras y nos muestran algunas de las cosas difíciles de sus vidas.

Si estás en una temporada en la cual no tienes a alguien en tu vida que te conozca bien, toma consuelo en el hecho de que Dios sí. Puedes literalmente contarle todo porque Él ya lo sabe – no hay necesidad de maquillar tus pensamientos ni sentimientos. Entrégate a Él y deja que te ame con ese amor que lo envió a la cruz por ti.

Buscando a Jesús,

Jen

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