El Impacto del Pecado en la Amistad

A lo largo de los años, han existido muchos programas de televisión acerca de la amistad.  Desde Happy Days hasta Friends; desde I Love Lucy hasta Seinfeld, la mayoría de nosotras ha visto y disfrutado este tipo de programas.  Verdaderamente, nos encanta la idea de tener un grupo muy unido con el que podamos reír, llorar, compartir, y experimentar todos los altibajos de la vida.  La razón por la que nos sentimos así es porque, como observamos el lunes, nosotras hemos sido creadas para la comunidad. Por lo tanto, la amistad es algo a lo que Dios nos llama porque fuimos creadas para ella.

Desafortunadamente, no nos toma mucho tiempo darnos cuenta que el pecado entra en nuestras vidas y arruina todo, incluida la forma en que nos relacionamos con los demás y cómo ellos se relacionan con nosotras (Génesis 3). Estamos arruinadas. Cuando digo que estamos arruinadas, me refiero a que hay una disfunción de la mente, el cuerpo, el alma y el corazón.

Veamos esto más de cerca

El Cuerpo

Todas podemos comprobar el hecho de que nuestros cuerpos han sido afectados por el pecado.  Lo podemos observar en las enfermedades, en la forma en que reducimos el ritmo de nuestras vidas y nos volvemos menos ágiles a medida que envejecemos, en las enfermedades físicas con las que algunos nacen, y en última instancia, en la misma muerte (Romanos 5:12). La forma en que el pecado ha afectado nuestros cuerpos puede también afectar nuestra capacidad de tener amistades prósperas. Algunos tienen restricciones físicas que los mantienen aislados de los demás. Incluso, la pandemia de COVID-19 hizo que esto fuera una realidad para todas nosotras. 

La Mente

De alguna manera, nuestras mentes también están arruinadas. Nuestras mentes no funcionan de la forma en que deberían funcionar.  Algunas luchan contra la depresión y otras contra la ansiedad. Hay quienes se abruman fácilmente. Algunas personas son demasiado emocionales o sensibles, mientras que hay quienes luchan por conectarse emocionalmente por varias razones.  Todo esto impacta profundamente en el tipo de amiga que somos para los demás.

El Alma (o nuestro Corazón)

Más engañoso que todo es el corazón, y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá? (Jeremías 17:9)

Desafortunadamente, cada parte de nosotras se ha visto afectada por el pecado, incluso nuestros afectos y deseos. Esto tiene un impacto en la forma en que interactuamos con Dios y con los demás.

Es el pecado lo que nos hace no creer lo que Dios dice y seguir nuestro propio camino.  Es el pecado lo que nos hace desobedecer y pensar que nuestros caminos son más sabios que los caminos de Dios. 

Es por eso que no amamos como deberíamos, no nos sacrificamos como deberíamos, no perdonamos como deberíamos, ni nos preocupamos como deberíamos.  No honramos al Señor de la manera en que estamos llamadas a honrarlo, y no ejercemos el autocontrol de la manera en que Dios nos llama a hacerlo.

El egoísmo, la venganza y el orgullo son ejemplos perfectos de nuestro deterioro que puede obstaculizar e incluso dañar nuestras amistades. 

Pero hay buenas noticias.  Para aquellas de nosotras que hemos sido salvadas por la sangre de Jesucristo, estamos siendo renovadas.  Dios está obrando en nosotras a diario, enseñando y entrenando a Sus hijas para que podamos convertirnos en mejores amigas.  Cuanto más conocemos Su Palabra, más cambiamos por la gracia de Dios. 

En lo que respecta a la amistad, esto significa que poco a poco Él está reparando nuestra comprensión de lo que es la verdadera amistad y cómo podemos ser la mejor clase de amiga para aquellos que Él ha puesto en nuestras vidas.

A medida que crecemos en nuestro amor por Dios, crecemos en el amor por los demás. Cuanto más vemos y entendemos la paciencia de Dios hacia nosotras, más pacientes podemos ser con nuestras amigas. Cuanto más comprendamos el tremendo sacrificio inmerecido que Jesucristo hizo por nosotras, podremos dejar a un lado el egoísmo por el bien y la bendición de nuestros amigos.  Y cuando eso sucede, nuestras amistades se profundizan y honran más a Dios.

Mirando a Jesus

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