Transformados

Los versículos de hoy transmiten un momento crucial en la vida y ministerio de Jesús: Su llamado a los doce discípulos. Este es el comienzo de una historia de transformación.

Jesús tenía muchos seguidores (también llamados discípulos) en aquel tiempo, pero Él escogió solo doce para que sean Sus discípulos más íntimos, Sus apóstoles. DOCE. No son tantos, así que te esperarías que haya elegido lo mejor de lo mejor para formar la docena perfecta.

¿Qué requisitos incluiríamos si estuviéramos seleccionando una docena perfecta hoy? Podríamos considerar si eran inteligentes, leales, influyentes, conectados, bien hablados o expertos en ciertas habilidades.

No puedo pretender comprender cómo o por qué Jesús escogió cada uno de esos hombres. Sabemos que los eligió después de retirarse a una montaña y pasar una noche orando (Lucas 6:12). Fueron cuidadosamente considerados y elegidos porque Jesús sabía, no así los apóstoles, que serían los hombres que continuaran Su ministerio terrenal después de la cruz.

Eran hombres comunes. Entre ellos había pescadores y cobradores de impuestos, pero no eruditos religiosos. Eran, por momentos, emocionales, impulsivos, preocupados por sí mismos, y llenos de dudas. Uno de los más amados apóstoles, Pedro, negó a Jesús tres veces. Estos hombres distaban de ser perfectos, pero con el tiempo, junto a Jesús crecieron. Se transformaron, y al hacerlo, pudieron establecer la iglesia primitiva y expandir el cristianismo. (La excepción a esto fue Judas, el apóstol que traicionó a Jesús. Si bien nos confunde, escoger a Judas no fue un accidente ni un error).

Estos eran hombres ordinarios, pero con el tiempo Dios los transformó para hacer un trabajo extraordinario para el reino.

Nuestras historias también pueden ser así. Tenemos nuestras limitaciones, pero Dios ve nuestro potencial. Somos comunes, pero Dios puede usarnos para hacer cosas importantes para Él, quien nos califica y capacita cuando respondemos voluntaria y obedientemente a Su llamado.

Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” (Filipenses 1:6)

Sara

Sara Lindsey es una joven del oeste de Texas. Adora a quien es su esposo desde hace más de 16 años y se deleita en el caos diario de criar y discipular sus pequeños cuatro hijos. Es médica, especializada en imágenes de resonancia magnética. Sara es una amiga alentadora e intencional a la hora de desarrollar relaciones auténticas. Con un gran corazón para apoyar y sostener a las mujeres y las familias, y es una apasionada por la traducción de la Biblia. Puedes conectarte con ella en Instagram.

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