Él permanece para siempre

Cierra tus ojos y respira profundamente. Recuerda el día más dulce de tu vida. Estabas deambulando por el camino equivocado, quebrantada por el pecado, pero Jesús te encontró. Estabas luchando por salvarte a ti misma pero entonces, Él intervino, te recibió y te apartó como Suya.

¿Dónde estaríamos sin Jesús?  ¡Estoy tan agradecida de que nunca tendremos que contestar esa pregunta! Antes de que tú nacieras, el Alfa y la Omega te vio cuando estabas dentro del vientre de tu madre y ordenó cada uno de tus días aún antes de que existieras (Salmos 139:16). Aleluya, ¡Qué  Salvador!

Nuestro Mesías ha cambiado nuestras vidas para siempre. Una vez estuvimos perdidas, pero ahora somos encontradas en Cristo y salvadas por Su gracia.  Pasamos de la muerte a la vida porque Jesús sacrificó todo para liberarnos. Ahora y para siempre, nuestro salvador está sentado en autoridad a la diestra de Dios en el cielo.  Cada momento de nuestro día, nuestro Mediador aboga por nosotras. Él es el Santo, nuestro Gran Sumo Sacerdote y el Rey de Reyes. Nadie es como Jesús el Hijo de Dios.

A causa de Cristo, el hilo de la redención corre a través de cada historia que leemos en nuestra Biblia. Durante cada acontecimiento de la historia, Dios está tejiendo una obra maestra y llevándonos hacia Jesús. La vida de Melquisedec  parece estar envuelta por el misterio,  pero cuando conectas  los puntos emerge claramente un retrato de nuestro Mesías. Muchos detalles  sobre este sacerdote del Antiguo Testamento son paralelos a los de nuestro Salvador,  para que podamos darnos cuenta cuan bendecidas somos de tener un Sumo Sacerdote eterno en Cristo.  El ministerio de Jesús permanece para siempre y está continuamente haciendo un impacto en nuestro medio:

  • Jesús es nuestro sumo sacerdote para siempre.  Él gobierna sobre cada circunstancia en nuestras vidas, y apela a nuestro favor (Hebreos 4:14).
  • Jesús es nuestro Rey de Justicia. Cristo pagó por nuestros pecados con Su propia vida, y ahora El Señor ha aplicado Su Justicia a nuestra cuenta (2 de Corintios 5:21).
  • Jesús es nuestra paz.  A causa de la obra de Cristo en la cruz, nuestra deuda está pagada en su totalidad y ahora tenemos paz con Dios (Efesios 2:14-16).
  • Jesús llena nuestra vida con bendiciones. Nuestra fe nos ha sido contada por justicia, y nuestros pecados son cubiertos y nunca serán contados en nuestra contra.  (Romanos 4:6-8).
  • Jesús es digno de nuestra adoración.  Él es el resplandor de la Gloria de Dios, y Él sostiene todas las cosas con la Palabra de Su poder. (Hebreos 1:3).
  • Jesús tiene poder ilimitado y siempre está presente en nuestras vidas.  Estuvo presente en la creación. Jesús es antes que todas las cosas, y todas las cosas se mantienen unidas por Él. (Colosenses 1:17).

Amiga, tu Redentor permanece para siempre. Jesús es tu Sumo Sacerdote y Rey ayer, hoy y mañana. No necesitas luchar con el miedo y la duda porque tu Salvador siempre te mantendrá segura.

Lyli.

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