Una Conciencia Clara

Nada me perturba más que una conciencia oscura.  Puede impedirme quedar dormida o, incluso, despertarme en medio de la noche.  Es esa sensación inquietante, de repugnancia, proveniente de mi conciencia, que a menudo me dice cuando una relación con alguien está rota. En ocasiones puede venir por pequeñas cosas triviales, como haber emitido palabras antes de pensar en una charla. Otras veces puede ser por algo más grave, como haber hablado intencionalmente para lastimar a otro, o por haber escogido negar a Cristo, ya sea con palabras o por la falta de ellas.

Me encanta la descripción en 1 Samuel 24:5, “Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl” (énfasis agregado).  Esta también ha sido mi experiencia: ¡mi conciencia me molesta! Pero es algo bueno, porque Dios me incita a la acción.  Cuando puedo orar, actuar y resolver el problema, el Señor restaura mi gozo en Él.  Pero hay momentos en que resolverlo no es posible.  Eso es algo con lo que lucho.  He aprendido que una vez que has intentado todo para hacer las paces, hay momentos en que tienes que buscar el perdón del Señor y dejarlo en manos de Él.  Como dice Romanos 12:18: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”.

Pablo habla en este capítulo de tener una conciencia limpia, y hay dos áreas donde su conciencia está limpia:

 • Con Dios

 • Con otros

Pablo sabía que su relación con Dios no se basaba en su bondad y sus acciones, sino en Dios, quien había intervenido a través de la muerte y resurrección de Cristo para rescatarlo.  Sin embargo, Pablo  también entendió que era importante cómo vivía y actuaba.  Pablo advirtió a Timoteo de esto en 1 Timoteo 1:19 diciendo: “manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos”.  Esto es un estímulo como una advertencia a la vez para todas nosotras.

¿Qué significa mantener la buena conciencia con los demás?  Es más que buscar vivir bien y hacer el bien a los demás.  Pablo tenía esperanza en Dios, sabía que el futuro era seguro, que habría una resurrección.  La muerte no es el fin.  Pablo quería asegurarse, a través de su vida y sus palabras, de que las personas a su alrededor tuvieran la oportunidad de escuchar y conocer al Señor Jesús.

Tenemos un ejemplo de esto cuando Pablo habló con Félix y su esposa Drusilla.  Félix tenía el poder de liberar a Pablo, que estaba siendo retenido injustamente, como lo señaló el comandante que envió a Pablo a Félix.  “hallé que le acusaban por cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión” (Hechos 23:29).

Pablo tenía que tomar una decisión, ya fuera decir la verdad sobre Cristo o buscar su liberación pagando un soborno.  Pablo no tenía miedo a las consecuencias y dijo la verdad sobre Cristo.  Sus palabras incluso hicieron que Félix se asustara cuando Pablo habló directamente de lo pecaminoso de su relación con Drusilla, quien era su tercera esposa, a quien había alentado a divorciarse de su esposo para casarse con él.

Durante dos años, Félix y Pablo hablaron regularmente.  Así que podríamos esperar que después de todo ese tiempo, antes que Félix cambiara de trabajo, daría fin a la prisión injusta de Pablo.  Pero en cambio, le hizo un favor a los judíos y lo dejó en prisión para que el siguiente gobernador tomara la decisión.  La vida no siempre es justa.  Pablo hizo lo correcto, no pagó el soborno y pasó un tiempo testificando a Félix.  Este parecía interesado, pero al final no demostró cambio alguno.

Hacer lo correcto no siempre nos da el resultado que queremos.  Estamos llamadas a ser fieles a Dios, sin importar el resultado, a mantener limpia nuestra conciencia con Dios y con los demás.  La esperanza, el futuro seguro que tenemos en Dios debería transformar nuestra vida diaria, ya que nos preocupamos menos por las cosas que son importantes para el mundo y pensamos más en lo que durará eternamente. El misionero Jim Elliot escribió: “No es ningún necio el que entrega lo que no puede guardar, para ganar lo que no puede perder”.

 • ¿Tienes una conciencia limpia ante Dios?  Si no es así,  habla con Él al respecto.  Busca y recibe Su perdón.

 • ¿Tienes la conciencia tranquila ante los demás?  Si te viene a la mente alguien con quien tu conciencia no está limpia, habla con Dios al respecto.  Considera qué acción se necesita.  Hasta donde dependa de ti, busca resolverlo.

 • ¿Tu vida y tus palabras llevan a otros a Cristo?  ¿Estás viviendo de una manera fiel a Dios y a Su Palabra?

Tómate un tiempo para alabar a nuestro maravilloso Dios que limpia nuestras conciencias de la gran deuda del pecado que tenemos.  Vive en libertad.  Comparte las buenas noticias con otros.  Busca primero el reino de Dios.  Entonces también podrás decir: “mi esperanza está en Dios y mi conciencia está limpia ante Él y ante los demás”.

Julie

Semana 6 – Desafío

Pablo confiaba en que Dios continuaría ayudándolo y librándolo siempre que lo necesitara. Esta semana, haz una lista de aquellas formas significativas en que Dios ha sido fiel contigo.  Pon esa lista donde puedas verla cada día. Cuando la leas, agradece a Dios por Su fidelidad pasada, y pídele fe para creer en Su próxima liberación.

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Semana 6 – Plan de Lectura

Semana 6 – Versículo a Memorizar

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