Ten Ánimo

Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza.A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma. – Hechos 23:10-11

Uno de los pasajes de las Escrituras que me encantan para situaciones como la que Pablo enfrentó en Hechos 23, es el de  Mateo 28:18-20:

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Me imagino a Pablo sintiéndose ansioso y nervioso, tal vez incluso hambriento, en aquella fría y oscura celda, pensando en lo que le sucedería. El Sanedrín estaba dividido. Se negaban escuchar a Pablo, y algunos de los judíos hasta estaban planeando matarlo. Todo hacía parecer que Pablo moriría en Jerusalén, y sus planes de llevar el mensaje de Cristo a Roma y aún más lejos, quedarían sin llevarse a cabo.  Sé que me he sentido así al orar por la salvación de alguien que parecía estar escapándose de Dios. Se siente tan frustrante, como si Dios no respondiera las oraciones.

Dios se le apareció a Pablo en ese momento crítico para alentarlo y asegurarle que todavía sería testigo del evangelio en Roma.

La promesa de la presencia y la ayuda de Dios es cierta para nosotras hoy, lo que nos permite seguir viviendo la vida de Cristo para que todos la vean. Sigue orando por la salvación de aquella amiga o de ese miembro de tu familia, sigue orando por más personas que escuchen el evangelio. El Señor mismo nos ha prometido que no nos dejará ni nos abandonará mientras continuamos haciendo lo que Él puso en nuestros corazones y dejado en nuestras manos.

La Biblia registra que el Señor se le apareció a Pablo tres veces más para ofrecerle seguridad. Cada vez que te sientas desanimada al proclamar el evangelio, recuerda el versículo de hoy y ten ánimo.

Padre Celestial, te agradecemos por el regalo de Tu continua presencia en nuestras vidas. Oramos para que nuestros corazones permanezcan firmes en Ti, y por valor para proclamar el evangelio donde quiera que vayamos, sea cual sea nuestra capacidad, y con valentía. En el nombre de Jesús, amén.  

Ebos

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