Equipadas – La historia de Guisette

Lo perdí todo.

En unos pocos meses, perdí mi trabajo, mi departamento y mi auto se descompuso por completo. Mis tres hijos y yo estábamos efectivamente sin hogar. En medio de esto, también me había comprometido a un viaje misionero de dos semanas al otro lado del mundo. No solo eso, sino que mi gran  amiga, mi mentora, mi hermana en la fe  había fallecido. Ella era la líder de la Rama de Ama a Dios Grandemente en Español. No solo dejó un agujero en mi corazón perder a mi amiga, sino que de repente fui la responsable de mantener en marcha un gran ministerio.

Envié a mis hijos a la casa de su abuela y abordé un avión desde Australia a México para nuestra Conferencia de Ama a Dios Grandemente en Español.

Mientras estaba fuera, mis hijos tuvieron que quedarse con varios amigos ya que su abuela terminó en el hospital. Llegué a casa y había más desorden del que había dejado. Aunque estaba profundamente preocupada, asustada e inquieta acerca de nuestro futuro, estaba segura de que Dios nos proveería. Creí que Él tenía un plan y un propósito en todo lo que estábamos experimentando.

Durante todo este tiempo, la comunidad de mi iglesia se unió a mis hijos y a mí y nos brindó un apoyo increíble, tanto para satisfacer nuestras necesidades como para ser voces de aliento y fe para nosotros. Estaba orando para que Dios proveyera para nuestras mayores necesidades: primero un automóvil, luego una casa y, finalmente, un nuevo trabajo para mí.

Cuando comencé a buscar un automóvil, las únicas opciones que podía pagar eran lo que en Australia llamamos “bombas”. Necesitaba un automóvil, pero lo que estaba dentro de mis posibilidades no era algo que fuera confiable o que durara más de unos pocos meses. Un día en la iglesia una amiga me dijo: “¡Sabes, Dios puede darte un auto! ¡Él puede hacerlo!” Lo que pensé cuando ella me dijo eso fue: “Sí, pero Él no va a hacer eso por mí”.

Dentro de la semana, un amigo se me acercó al saber de mi necesidad. Me dio un auto. ¡Así mismo! Y este era un lindo auto, no una “bomba”. Incluso en mi incredulidad, Dios proporcionó más de lo que podía pedir o imaginar.

Mi fe todavía era inestable, pero pude confiar más en Dios después de verlo proporcionarle un auto a mi familia. Unas semanas más tarde, después de pasar meses viviendo con amigos y familiares, una dulce propietaria nos confió su casa. Muchos de mis amigos de la iglesia habían dado referencias de mí, y esta mujer fue lo suficientemente amable como para alquilarnos su casa. ¡Teníamos una casa! Finalmente, después de meses de incertidumbre, mis hijos y yo tuvimos algo de estabilidad.

Aún más, Dios me proporcionó un nuevo trabajo. Él proveyó de maneras que solo Él puede, haciendo maravillas detrás de escena cuando yo no podía verlas. Su fidelidad supera nuestras expectativas cada vez.

Si bien no siempre fue fácil tener fe, tenía una comunidad a mi alrededor creyendo por mí cuando yo no podía. Cuando mi fe vaciló, mi comunidad me llevó, confiando y creyendo en medio de mi incredulidad. Mis amigas en la fe y en diferentes partes del mundo estaban orando conmigo y sostenían mis brazos cuando los queria dejar caer. Efesios 3:20 cobró vida para mí durante ese tiempo, recordándome cuánto se preocupa mi Padre Celestial por mí y anhela superar mis expectativas más salvajes.

” Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

Guissete

Australia

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