Unidas por el Evangelio

Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. – Hechos 6:7

Amo la Palabra de Dios y cómo nada puede detener su difusión, porque es poder de Dios para salvación. En todas partes todavía existen personas que necesitan de esta Palabra para ser salvos, y la Palabra se difunde a través de fieles discípulos de Dios que están dispuestos a llevarla donde no se ha escuchado ni experimentado aún. ¡Desde pequeñas comunidades, áreas urbanas, ciudades grandes o pequeñas, escuelas y cualquier lugar!

La palabra discípulo proviene de la palabra griega “mathetes”, que significa “seguidor” o “aprendiz”. Somos discípulos de Cristo; aprendemos de Cristo y lo seguimos. Dios equipa a cada discípulo verdadero con la Palabra de Dios y el Espíritu Santo para ayudarnos a compartir Su amor y Su Evangelio con aquellos a nuestro alrededor y con los que aún no lo conocen.

Siempre me he preguntado por qué, entre todas las oraciones que Cristo pudo haber elevado por Sus discípulos antes de abandonar la tierra, pidió que pudieran ser uno, como Él y el Padre son uno. No oró por riquezas o protección, Él pidió fervientemente al Padre que los uniera. ¿Por qué? Porque como Sus seguidores necesitamos estar unidos para poder difundir Su amor a quienes nos rodean. Una persona no puede hacerlo sola o estar en todas partes en todo momento. Todos somos miembros de un cuerpo, el de Cristo, con funciones diferentes y únicas. Necesitamos estar unidos en espíritu y motivados para difundir el evangelio.

En unidad y con el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, hemos sido equipadas para difundir el Evangelio a cualquier lugar que vayamos.

La pregunta ahora es, ¿estoy en unidad con otros creyentes, o vivo en disensión con ellos? ¿Soy una ávida amante y lectora de la Palabra de Dios? ¿Busco aprender diariamente a Sus pies? Solo entonces las personas que nos rodean pueden ser obedientes a Jesús. En el pasaje de hoy eran los sacerdotes quienes adoraban ídolos; en nuestra situación puede ser un padre, madre, hijo, hija o colega que aún no conoce a Jesús.

Padre, muchas gracias por Tu Espíritu Santo y Tu Palabra que nos ayudan a ser Tus verdaderos discipulos. Gracias por el recordatorio hoy en Tu Palabra de que hemos recibido poder. Oro para que todos Tus hijos alrededor del mundo se den cuenta de este gran regalo y el poder que nos has dado para difundir Tu Palabra en todos los lugares a los que vamos para que podamos ser verdaderamente Tus discípulos. En el nombre de Jesús, amén. 

Semana 2 – Desafio 

Esta semana, ¿a quién puedes compartirle el evangelio, que quizá nunca lo haya oído? Proponte encontrar el momento para hablarle de ello esta semana, y pídele a Dios que te dé la oportunidad de compartir el evangelio, y la valentía para hacerlo cuando la oportunidad se presente.

Semana 2 – Plan de Lectura 

Semana 2 – Versículo a Memorizar

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