Equipadas – La historia de Stephie

Durante el verano de 2004, asistí a un estudio bíblico acerca del doble ánimo. Hablamos sobre cómo podríamos hacer algo que sabíamos que no era bueno para nosotros, como fumar.

Yo había fumado la mayor parte de mi vida. Había crecido sin supervisión, y mi primera experiencia en el hábito de fumar fue a la edad de cinco años. A los 43, era una fumadora habitual de dos o más paquetes al día. Aunque había intentado varias veces dejar de fumar, siempre fallaba. Fallé tantas veces que decidí que me gustaría fumar y que fumaría por siempre.

Durante el estudio de la Biblia, comencé a pensar en el sentido que tenía el mensaje. Había sido testigo de cómo dos fumadoras de mucho tiempo dejaron de fumar inmediatamente debido a problemas de salud. Una de ellas fue mi abuela de 80 años que fue diagnosticada con cáncer de seno después de 60 años de fumar. Su cáncer fue corregido con una tumorectomía, pero sus médicos le dijeron que tenía menos de un año de vida si continuaba fumando. También le dijeron que podría vivir otros cinco años adicionales si abandonaba el cigarrillo. Y ella lo abandonó.

La otra era una compañera de trabajo, que había fumado durante 40 años y desarrolló una enfermedad cardíaca. Recientemente se sometió a una cirugía de emergencia para colocar un stent en una arteria para mantenerla abierta para el flujo sanguíneo. Sus médicos le dijeron que si volvía a fumar, el stent podría moverse, corriendo riesgo de muerte. ¡Ella dejó de fumar así como así!

Salí de la iglesia meditabunda. ¿Qué tal si espero tanto como pueda soportarlo antes de encender un cigarrillo?

Había fumado todo el camino hasta la iglesia y apagado mi cigarrillo recién encendido sobre el borde del cenicero del auto, con la intención de volver a encenderlo cuando regresara del estudio. Ahora tenía un nuevo plan. Aparté el cigarrillo y cerré el cenicero, semi comprometida a esperar.

Estaba a 56 kilómetros de casa. Cuando llegué a la autopista, vislumbré algo en el asiento trasero. No pude ver nada cuando miraba directamente allí, pero sentí el Espíritu Santo conmigo en el auto. Sin saber realmente qué hacer, decidí deslizar mi Biblia y las hojas de estudio sobre el piso para invitarlo a sentarse a mi lado. Extendí mi mano derecha como si estuviéramos tomados de la mano mientras conduje el resto del camino a casa.

Mientras me preparaba para acostarme, puse en mi boca una pastilla de nicotina que me había quedado de uno de mis tantos intentos de dejar de fumar, decidiendo extender el tiempo hasta la próxima necesidad de cigarrillo.

Pero eso nunca llegó. Me desperté por la mañana con la misma pastilla parcialmente disuelta en mi mejilla. No necesitaba un cigarrillo.

Pasaron tres días antes de contárselo a alguien. Estaba dejando una puerta abierta para volver a fumar sin que nadie supiera lo que había pasado si mi “milagro” no duraba.

A medida que pasaron las semanas sin necesitarlo, comencé a creer que el mismo Dios que separó el Mar Rojo para los israelitas, el mismo Dios que salvó a Sadrac, Mesac y Abednego en el horno de fuego, ¡todavía está haciendo milagros hoy! ¡No solo puede hacer milagros, sino que está dispuesto a hacerlos! ¡Y no para extraños; para mí!

Toda mi vida había sido seguidora de Cristo, pero fue entonces cuando realmente comencé a enamorarme de Él.

No solo que ahora era una no-fumadora, sino que podía estar cerca de otros fumadores sin ser tentada como lo hubiera sido antes. Tampoco tuve los mismos efectos adversos que tuve después de intentar dejar de fumar en el pasado.

¿Qué pasó ahí? No puedo decirte con certeza, pero la Biblia dice que es la verdad la que nos hace libres (Juan 8:32). Fue la verdad lo que liberó mi mente de la adicción. Fue el Espíritu Santo junto a mí en el auto dándome el regalo de la fe y el aliento que necesitaba para intentar una vez más.

Eso fue hace casi 16 años. Poco sabía entonces que esa experiencia era solo el comienzo de muchos milagros más que vendrían a medida que mi relación con Jesús crecía.

Pero sé que, fiel a Su promesa en Juan 14:21, si lo amamos con todo nuestro corazón, se revelará a nosotras y se dará a conocer.

Oro para que esto te bendiga y te ayude a esperar tu milagro. Él puede y está dispuesto a  hacerlo.

Stephie

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Nancy Gonzalez-Valentin dice:

    Tu milagro me hizo pensar que, yo también podría tener uno. He pedido muchos milagros a Dios. He visto muchos y espero por otros pero, mi petición mayor es poder ver a mi hija dejar el cigarrillo y la Marijuana; ya no pido nada para mi, solo quiero ver un cambio en mi hija, quiero oír que al igual que a ti el espíritu santo se siente con ella y cambie su vida para siempre. En el nombre poderoso de Jesús, amen.

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