Combatiendo el miedo con la gratitud

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. – Colosenses 3:17

No es un secreto que me encantan las buenas historias.

Me encanta leerlas y me encanta escribirlas. Nada me cautiva más que algo de la vida real, íntimo y personal. Ponle una buena foto y es único.

Las historias tienen el poder de movernos y enseñarnos. Abren nuestros corazones, exponen nuestros sentimientos y nos ayudan a través de nuestras convicciones. Y las buenas historias a menudo nos ayudan a controlar nuestros miedos y ansiedades ayudándonos a avanzar a lugares de confianza y acción.

El mundo y nuestro orgullo nos dicen que seamos protagonistas de buenas historias, que mostremos nuestro lado bueno frente a nuestros amigos, que subamos las fotos buenas a las redes sociales, que retratemos el mayor orden y belleza posible para que nuestras historias se vean bien; para que nosotras nos veamos bien.

Pero ¿has notado qué historias se vuelven virales en internet?

Estoy aquí para decirte que no siempre son las de vidas esmeradamente presentadas. Con mayor frecuencia, son los videos y las palabras crudas y reales. Las que hablan de esperanza en las situaciones difíciles, del amor que sobrepasa el miedo, en las que el bien triunfa sobre el mal y la gratitud lo redime todo. Puedes pensar en alguna de esas historias ahora mismo, ¿cierto?

¿Por qué pasa esto?

Creo que es porque estamos unidas a una historia de redención.

La Biblia es justamente eso – de principio a fin – una larga historia que nos lleva a través de este viaje increíble de cimas y valles, fe y miedo, esperando y anhelando, hasta que la esperanza, el sacrificio y la redención finalmente prevalecen en completa victoria. ¡Qué glorioso que la imperfección de los necesitados lleve a la gratitud por la provisión de un Salvador perfecto!

Es la mayor historia jamás contada.

“Alabaré yo el nombre de Dios con cántico,
Lo exaltaré con alabanza.” Salmo 69:30

Puesto que Jesús es la fuente perdurable de gratitud, resulta que, si has sido rescarada, tú también tienes una historia importante que contar.

Hoy, escojamos hablar palabras de gratitud en vez de miedo.

No puedo contar mi historia” dices.

Es demasiado enredada.

Demasiado imperfecta.

Demasiado incompleta.

Demasiado abierta.

Demasiado dura.

Pero espera.

Recuerda que las mejores historias no son las perfectas. Nadie puede verse reflejado en ellas. Las mejores historias se centran en la esperanza y la gratitud que vivimos en medio de nuestras imperfecciones porque toda la gloria se dirige al héroe real de nuestra historia: nuestro perfecto Salvador.

Si realmente expresáramos una gratitud genuina en medio de nuestras historias imperfectas, estas podrían volverse virales.

El miedo no puede reinar en un corazón que está lleno de gratitud.

Combatamos el miedo y exaltemos el nombre de Jesús al contar nuestras historias de gratitud una y otra vez…

A Sus pies,

Whitney

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