Dios Redimirá

En 1987, mi mamá estaba recién casada con mi padrastro, y nuestra nueva familia necesitaba empezar de nuevo. Al igual que aquellos que se habían ido al oeste décadas antes que nosotros, también queríamos un nuevo comienzo. Entonces, manejamos desde las tierras de cultivo de Indiana hasta las colinas del norte de California.

Recuerdo ese viaje con mi hermano y yo en el asiento trasero de nuestro camión en movimiento como si fuera ayer. Yo también necesitaba un nuevo comienzo, y recuerdo haberme preguntado qué nos depararía el futuro a cada uno de nosotros.

La semana pasada, viajé de regreso a esa misma área de California con mi esposo y mis tres hijas. Eran las vacaciones de primavera de mis niñas, y mi hija mayor, como regalo de cumpleaños, quería ver la que fuera mi casa, y dónde fui a la escuela secundaria, ya que ahora tiene la misma edad que yo cuando vivía allí.

Después de aterrizar en San Francisco y conducir hasta nuestro hotel, los recuerdos inundaron mi mente. Y me vino este pensamiento de la nada: mira cómo te he redimido, Angela. No tenías idea de lo que Yo estaba haciendo en tu vida en aquel momento en que tú y tu familia se mudaron aquí, pero Yo sí. Te sentías desecha e ignorada, pero tomé ese dolor y lo usé para bien. Incluso a esa tierna edad, te estaba preparando.

“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.  Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.  Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador”  Isaías 43:1-3

Lo que Dios comenzó en mi vida hace casi treinta años, pude verlo en regresión y decir: “Ahora lo veo, Señor. Veo tu bondad. Veo tu amabilidad y redención amorosa”.

Allí, en la carretera, mientras nos dirigíamos al pueblo donde vivía, comencé a compartir con mis hijas la belleza de la redención de Dios mientras las lágrimas llenaban mis ojos. Hay una bendición en envejecer y ver la mano de Dios en tu vida cuando no podías verla en tus años más jóvenes. Llegan tormentas y las aguas suben, pero por la bondad de Dios, no fui arrastrada.

Lo que Satanás pretendía para mal, Dios lo cambió y usó para bien.

Poco sabía entonces qué haría Dios con mi vida. Cómo usaría a una niña desecha y colocaría sueños en su corazón que algún día cumpliría. Él es bueno, queridas amigas, y el trabajo que hace en nuestras vidas también es bueno.

Unas semanas después, vi otra imagen de la bondad de Dios a través de mi feed de Instagram. Esa mañana vi que una iglesia había etiquetado a Love God Greatly en una imagen y estaba pasando por uno de nuestros estudios más antiguos. Curioso, hice clic en el enlace para ver dónde se encontraba la iglesia. Para mi sorpresa y, estoy segura, el deleite de Dios, la iglesia estaba ubicada en el pueblo exacto en el que solía vivir: ¡el mismo pueblo al que viajábamos ese día para mostrarles a mis hijas mi casa y la escuela secundaria!

¡Estaba todo perfectamente sincronizado!

Al seguir averiguando acerca de la iglesia, ¡vi que tenían una noche de mujeres en su iglesia esa misma noche!

Solo Dios podría planear algo tan extravagante. Solo Dios podría ir tan lejos para mostrar Su poderosa mano de redención y amor. Él está en los detalles de nuestras vidas. Nada es una coincidencia.

Para sorpresa de las dulces mujeres de Harvest Church in Vacaville, California, aparecí en su evento, pero solo unos minutos antes de que comenzara. Tuve que agradecerles por hacer nuestros estudios y hacerles saber que fue una bendición increíble para mí escuchar que Dios estaba usando Love God Greatly allí en un lugar que amo. Un pueblo desde el cual Dios me dio un nuevo comienzo.

Dulce amiga, no sé dónde te tiene Dios en este momento, pero déjame animarte con esto: Él te ve y te ama. Y como dice en Isaías 43:2, cuando pases por las aguas, Él estará contigo.

No temas lo que se avecina; Dios está contigo. Dios está escribiendo su increíble historia de redención y tú, querida, estás incluida en esa historia. Puede que no lo veas ahora, así como yo no lo veía, pero confía en Dios. Él está trabajando a tu favor; redimirá la angustia, el quebrantamiento y el dolor.

“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” (Isaías 43: 1)

¿Cómo te ha ayudado Dios a conquistar tus miedos y redimir tu vida?

Ama a Dios Grandemente!

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