Nada puede separarnos de Su amor

Una de mis más grandes luchas que he tenido durante mi caminar en Cristo es aceptar la verdad de que el amor de Dios por mí es incondicional. Me resulta tan difícil comprender hasta dónde Dios llegaría para tener una relación personal conmigo

Jesús, mi Mesías, soportó voluntaria y desinteresadamente un sufrimiento cruel e inmerecido para que yo pudiera estar bien con Él. Mi alma lidia con el hecho de que aunque cada vez yo le fallo, el amor de Dios por mí nunca cambia. ¡Qué amor tan desconcertante, loco y maravilloso!

Una de las promesas más gloriosas en toda la Biblia habla de la inmensidad del amor de Dios por Su pueblo:

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:38-39).

En Romanos 8, el Apóstol Pablo expuso razones concretas de por qué los creyentes pueden descansar absolutamente seguros en el amor de Dios y en Sus promesas. Pablo termina el capítulo con una importante verdad espiritual: Nada puede separar a un creyente del amor de Dios.

Sin importar lo que un creyente sufra o soporte, sin importar cómo tropiece y fracase, el amor de Dios por Su pueblo nunca cambia. 

La salvación es el plan de Dios para redimir a Su pueblo y tener una relación íntima con ellos. La muerte, sepultura y resurrección de Jesús implica la obra divina de Dios. El plan de salvación de Dios nunca fallará porque Él no puede fallar.

Jesús, quien murió por nosotras, ¡ahora vive para nosotras! Él, en este mismo momento, nos está amando, intercediendo por nosotras, y hablando a Dios acerca de nosotras. Jesús está a la diestra de Dios asegurando que cada momento nuestro, cada error, cada fracaso está cubierto por Su sangre. 

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8).

El amor de Dios es un reflejo absoluto de quién es Él. El amor de Dios es perfecto, infinito, ilimitado, desbordante e incondicional. Su amor es valiente, constante, seguro, confiable, irrevocable e inquebrantable. El amor de Dios es la fuerza más fuerte y poderosa de toda la eternidad. El amor de Dios desafía toda lógica, todo conocimiento, y todas las barreras físicas y espirituales. El amor de Dios está motivado únicamente por quién es Él, no por quiénes somos nosotras.

La promesa de Dios de Su amor infalible e interminable debido a la muerte y resurrección de Jesucristo es nuestra identidad y nuestra seguridad. Nuestra confianza está anclada en el absoluto amor de Dios por nosotras.

Cuando tengo mis luchas, recuerdo que Dios se aferra a mí con fuerza y nunca me dejará ir. Cuando confío en el amor de Dios por mí, no necesito temer el futuro. El amor de Dios es una promesa absoluta. No hay nada que pueda hacer para que Dios me ame más o menos.

¡Nada puede separar a los creyentes del asombroso amor de Dios en Jesús! ¿Cómo esta promesa del amor incondicional de Dios te trae consuelo y paz?

Paz y gracia a ti,

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