Firmes y Constantes

Recientemente, me senté frente a un amiga que acababa de asistir a un funeral. Charlamos y reímos un poco antes antes que le hiciera la temida pregunta: “Entonces, ¿cómo estás realmente?” Suspiró un momento y luego me dio la más extraña respuesta, me quedó grabada: “Estoy realmente triste, pero siempre agradezco por el dolor, porque sirve como un recordatorio de que este mundo no es nuestro hogar”.

Mientras las lágrimas caían suavemente por sus mejillas, repitió las famosas palabras que leímos hoy en 1 Corintios 15:

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.


Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Por el resto de nuestro tiempo juntas nos sentamos allí reflexionando solemnemente sobre el legado y cómo una vida derramada por el bien del reino es una vida bien vivida.

Este pasaje en 1 Corintios 15 es poderoso porque nos recuerda que este mundo no es nuestro hogar, y que estos cuerpos que nos han sido dados, ¡incluso desaparecerán y se renovarán algún día!

Los versículos 50-57 nos dicen que incluso lo más devastador que sucede en esta tierra, la muerte, ha sido conquistada y convertida en una victoria para aquellos que están en Cristo.

Amigas, ¡estas son buenas noticias! Para la persona que lucha con la enfermedad y con la gravedad de su condición, esto es lo que anhelamos. Para la viuda, la desamparada, la afligida, esta victoria que tenemos en Cristo puede convertir nuestro duelo en alegría porque nos señala una esperanza inmutable que tenemos en Cristo.

Anhelamos el día en que todas las cosas (nuestros cuerpos, nuestras relaciones, nuestras angustias) se reparen y se arreglen a en Cristo. Hasta ese día, somos un pueblo de esperanza firmemente arraigadas en las promesas de la Palabra de Dios.

¿Qué te parece que dice este pasaje? ¿Qué debemos hacer hasta que llegue ese glorioso día?

Mira 1 Corintios 15:58: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Amigas, independientemente de nuestras circunstancias siempre cambiantes, estamos llamadas a estar firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor. Este es un llamado santo a la fidelidad. Es confiar en que lo que el Señor ha prometido, absolutamente lo hará. Significa mirar a la enfermedad y la muerte a los ojos, y aunque nos afligimos, lastimamos y lloramos, lo hacemos como un pueblo que tiene esperanza en una vida eterna que ha conquistado la muerte.
Significa que audazmente proclamamos que un día, cuando los muertos en Cristo resuciten, Dios enjugará cada lágrima de nuestros ojos. Significa que, como pueblo de esperanza, trabajamos para el Señor y Su reino, no luchando por nuestros propios reinos aquí en la tierra, sino construyendo uno eterno.

Hacemos esto administrando nuestro tiempo, recursos y relaciones para una gloria eterna, sabiendo que nuestros trabajos (tanto grandes como pequeños, visibles e invisibles) no son en vano si están en Cristo.

Esto no significa que mientras esperamos no seamos lastimadas, afligidas o que ignoremos el dolor. Las personas de esperanza no ignoran el dolor, el quebrantamiento y la angustia. En cambio, luchan con eso, sabiendo que en todas las cosas hay victoria a través de Jesucristo nuestro Señor.
Las personas de esperanza saben que la vida, en toda su belleza, puede ser fastidiosamente dura, pero sabemos que la promesa de nuestro Dios de que un día enderezará lo torcido es buena y verdadera. Mientras esperamos en Él, nos comprometemos a la obra del Señor, sabiendo que estos cuerpos mortales sufrirán y se desvanecerán y finalmente desaparecerán. Nuestra esperanza no se encuentra en las comodidades terrenales, sino solo en Cristo.

Esta semana, dedica tiempo a reflexionar en lo que significa estar firme y constante en la obra del Señor en tu propia vida. Ora y pídele a Dios sabiduría para conocer cómo esta verdad puede transformar tus pensamientos y acciones diarias.

A medida que avanzas, recuerda la victoria que tenemos en Cristo que nos permite vivir como amados hermanos y hermanas, trabajando fielmente para el Señor.


Brittany