Paz que no es de este mundo

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. ”- Juan 14:

La puerta del auto apenas se cerró detrás de mí antes de que lágrimas incontrolables comenzaran a correr por mi cara. Si yo apenas podía remontar el camino y atravesar la entrada de la iglesia, ¿cómo podría su afligida mamá enfrentar el día?

Tenía nueve años y estaba lleno de vida.

Un niño de nueve años, como mi tercer hijo. Se sentía como si fue ayer que su madre y yo íbamos de un lado a otro susurrando en la guardería de la iglesia, manteniendo nuestras voces bajas para no sobresaltar a los pequeños con sueño, lado a lado, semana a semana, nos balanceamos, nos visitamos y amamantamos a nuestros bebés recién nacidos.

Nunca imaginamos encontrarnos de nuevo en un día como este.

El accidente. La Unidad de Cuidados Intensivos. Nuestros gritos desesperados por la vida. Su muerte inesperada.

Sin embargo, en el profundo dolor, hubo una paz que no es de este mundo.

Y el mundo sabía que había algo diferente en ella…

Me senté a su lado mientras el médico confirmaba lo peor. Su cáncer había regresado, y el camino previsto por delante era difícil de escuchar. Siguió una larga discusión sobre las opciones, el tiempo y lo que parecían un millón de otras incógnitas, y puedo recordar haberme quedado atónita.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” – Isaías 26:3

Aturdida por una paz que sobrepasa todo entendimiento.

Paz más allá de toda comprensión humana llenó la abarrotada sala de examen ese día… porque ella la llenaba… porque ella estaba llena de Él.

Se enfocó en la verdad en lugar del juicio.

Dio gracias en lugar de ceder ante el miedo.

Confió en Su poder en lugar de su plan.

Elevó Su nombre por encima del suyo.

Y el mundo sabía que había algo diferente en ella…

“pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.”- Juan 14:17-18

En su familia, en el hogar, en la iglesia, al otro lado de la calle, en el lugar de trabajo y en cualquier otro lugar intermedio, sus circunstancias no la definen. Su Dios lo hace. Es por Su gran poder que ella puede responder a las pruebas de la vida con gracia y esperanza poco comunes.

No porque ella sea pasiva, sino porque es pacífica. No porque sea perfecta, sino porque está siendo transformada por Aquel que lo es.

Ella sabe que Dios es por ella.

Ella sabe que Él nunca la dejará.

Ella sabe que Él la fortalecerá en tiempos de problemas.

Ella sabe que Él ha hecho todo hermoso en su momento.

Porque el Príncipe de Paz ha venido, podemos venir como pacificadoras a un mundo roto.

Generadoras de paz.

Mensajeras de buenas noticias.

Dadoras de esperanza.

Y el mundo quedó atónito, dándole a ella una puerta abierta para contarles todo sobre Él…

A Sus pies,

Whitney