Busca La Paz

Esta semana estaremos estudiando qué significa ser pacificadoras. El Salmo 34 nos da instrucciones específicas para buscar y seguir la paz. Está catalogado como un salmo de adoración. David (el autor del mismo) adora a Dios por Su grandeza.  Recuerda cómo Dios le contestó y lo libró de todos sus temores. David reconoció todo lo que Dios había hecho por él, y enseñó a otros acerca de cómo deben confiar y conocer al Señor. Una de las instrucciones fue seguir la paz.

La paz es un tema común en las Escrituras: Romanos 12:18 nos dice: “si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”; Jesús, es llamado el Príncipe de Paz (Isaías 9:6); Él promete dar Su paz a los creyentes, diciéndoles no teman (Juan 14:27); el sacrificio de Jesús nos permite tener paz con Dios (Romanos 5:1); paz es una de las partes el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), algo que es evidente en la vida de un seguidor de Cristo.

Si Dios promete darnos paz, ¿por qué David en su Salmo, nos instruyó a buscar y seguir la paz? Si la paz es algo que nos es dada, ¿por qué debemos trabajar para conseguirla?

Cuando un país experimenta paz, identificamos lógicamente que no está en guerra civil, ni en guerra con otras naciones.  Significa que los ciudadanos del país no están inquietos ni bajo temor. Significa que los que están en el poder están trabajando para el bien de aquellos para quienes gobiernan, y que los ciudadanos tienen sus necesidades satisfechas.

Sin embargo, la paz política no pasa por sí sola. No es natural para nuestra naturaleza caída estar en paz, por eso, es algo por lo que tenemos que luchar.

Luchamos por ella no solo en nuestros países, sino también en nuestras relaciones, familia, comunidades y  en nuestros propios corazones.  Seguir la paz empieza con nosotras. Si deseamos ver paz en nuestro mundo, primero necesitamos se paz en nuestros propios corazones.

Dejada a mi suerte, es muy raro que mi  mente y mi corazón estén en paz. Siempre estoy trabajando duro verificando lo que sigue en mi lista de tareas, asegurándome que estoy haciendo todo lo que se necesite hacer. Me aseguro que no haya olvidado ningún detalle para que así mi vida no se derrumbe. Me esfuerzo para hacer todas las cosas correctas.  A menudo me creo la mentira de que mis acciones y mi trabajo, tanto para el evangelio como para mi vida en general, me proveerán paz.

Cuando mi vida no está en paz, a menudo es porque no estoy creyendo completamente en el Príncipe de Paz. Mis esfuerzos para ganarme el amor de Dios, mis esfuerzos para ganarme el respeto, admiración y aceptación de otros, me impiden vivir una vida de paz. En lugar de confiar en Él, estoy confiando en mi misma, perdiendo la paz que Él gratuitamente ofrece.

En Isaías 30, Dios reprimió a los Israelitas por su renuencia a confiar en Él. En el versículo 15 dice “En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis…” Si esto no me describe no sé qué lo hace. En lugar de aceptar la paz que el Príncipe de Paz gratuitamente nos da cada día, me vuelvo hacia mis propias fuerzas. Pero al confiar en mí misma, me olvido de la paz que Él ofrece. No solo pierdo la paz en mi propio corazón, sino que caigo en el patrón de confiar en mí misma y de creer que no necesito a Dios en ninguna otra área de mi vida.

¿Cómo sería si realmente buscáramos la paz? En esta época navideña, ¿cómo puedes tú creer en el Príncipe de Paz? Prácticamente, ¿qué puedes hacer para conseguir la paz? Tal vez sea trabajar en una relación difícil tomando el primer paso hacia el perdón. O tal vez es descansar en que eres suficiente, a pesar de cómo se vea tu lista de tareas.

Filipenses 4 nos ofrece una visión y tips prácticos de cómo perseguir la paz. Pablo le dice a los filipenses que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará los corazones. ¡Piénsalo! La Paz de Dios de hecho se convierte en un refugio alrededor de nosotras, guardándonos de todo mal.

Pablo continúa instruyendo a los filipenses a enfocarse en las cosas que son verdad, en todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Al enfocarnos en estas cosas, la paz de Dios puede entrar en nuestros corazones. En lugar de pensar en todas las cosas que necesito realizar, si me enfoco en la verdad de que Dios me ama y que siempre está trabajando para mi bien, puedo encontrar paz.

Él es el Príncipe de Paz. Al buscar paz, lo estamos buscando a Él. Enfoquémonos en lo que es verdad. Su paz guarda nuestros corazones y vidas, y vale la pena luchar por Su paz.

Melissa

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