Espíritus Humildes

Estos versos específicos de Ester se reproducen en mi mente como la escena del giro fundamental en la trama de una película. Tenemos acceso a toda la historia, por lo que sabemos que el rey estaba contemplando cómo honrar a Mardoqueo por su lealtad. Vemos a Amán sin querer armando su propia trampa, y vemos cómo las orgullosas suposiciones de Amán traen su desgracia pública y su muerte definitiva.

Tal vez me estremezco cuando leo las palabras, porque sé que es demasiado fácil dejar que el orgullo y el progreso personal se cuelen en mi vida. Recuerdo un momento en que tratamos de enseñarle a una de nuestras hijas pequeñas sobre la humildad, y ella (irónicamente, perdiendo el punto) dijo: “Sí, soy la mejor en ser humilde”. Todas nosotras somos una obra en progreso, ¿no es así?

Las Escrituras nos advierten específicamente respecto de fomentar nuestra propia autoestima. Proverbios 25: 6-7 dice: “No te alabes delante del rey, Ni estés en el lugar de los grandes…” En un banquete de bodas, Jesús también se dirigió específicamente a este dicho: “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.”(Lucas 14:11).

Esta idea puede resultar difícil, porque muchas voces en este mundo nos dicen que debemos ser audaces, que debemos afirmarnos con confianza, que necesitamos buscar nuestro propio éxito. Estamos llamadas a proclamar audazmente el Evangelio y a vivir para que la gente vea a Jesús, pero no hay nada en las Escrituras que nos diga que nos exaltemos. No nos dejemos distraer por la persona en el espejo. No seamos tentadas por nuestra justicia propia.

Amigas, las preguntas que debemos hacernos: ¿A qué rey servimos realmente? ¿Anhelamos el favor y el honor de este mundo o de lo eterno?

Nuestro Dios soberano nos ama y nos busca, no porque hayamos demostrado que valemos, o hayamos enviado nuestro currículum o hayamos sido probadas para un rol. Nos adopta como un revoltijo de roturas y pecado y nos pide que muramos para vivir plenamente para Cristo.

Anteriormente en el libro, Mardoqueo desafió a Ester a arriesgarse para salvar a su gente, a usar su posición e influencia “para un momento como este” (Ester 4:14). Amiga, este es nuestro momento. Puedes ministrar a las personas desde donde estés hoy. No necesitas una plataforma más grande para ser impresionante. No necesitas más seguidores para hacer una ola. No necesitas un mejor título, una cintura más pequeña, un salario más grande, una voz más fuerte. Dios siempre ha estado en el negocio de hacer grandes milagros con gente común y raíces humildes.

Dios, concédenos espíritus humildes que busquen servir, en un momento como este.

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Traducido por Joanna Pérez de Merino

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