Nuestro anillo de sello

“Y el rey y Amán se sentaron a beber; pero la ciudad de Susa estaba conmovida.” Ester 3:15

No sé tú, pero yo soy muy rápida para condenar al rey Jerjes (Asuero), por su actitud descarada y su corazón insensible acerca de lo que acaba de hacer. Se va a beber con Amán, sin preocuparse por cómo su decisión afectará a los demás. Se contenta con comer, beber y divertirse, porque no lo afecta (o lo afecta positivamente).

Pero ese es mi corazón pecaminoso, buscando señalar con el dedo para evitar mirarme a mí misma. ¿Cuán cercana es la comparación entre este rey egoísta y yo? Uff!

Cuando giro ese dedo señalador y enfrento los hechos, realmente no soy tan diferente de este rey que me deja en shock. Echemos un vistazo honesto a nosotras mismas antes de comenzar a lanzar piedras.

Aquí hay algunas reflexiones sobre el tema extraídas del Comentario al libro de Ester, de Iain Duguid. Lee atentamente estas palabras:

“Si miramos nuestras vidas personales, podemos encontrar que realmente no somos diferentes. ¿Qué nos impulsa a hacer las cosas que hacemos? ¿Pensamos cuidadosamente antes de actuar? ¿Nos impulsa la lógica dirigida por el evangelio en toda nuestra toma de decisiones? ¿O hemos entregado el anillo de sello de nuestras vidas al enemigo de nuestras almas, que nos ha engañado a través de su lógica superficial, haciéndonos esclavos de nuestros apetitos? Muchos de nosotros hemos vendido nuestra integridad por mucho menos que Jerjes. …. A menudo estamos orgullosos de nosotros mismos porque no hemos cometido ningún gran pecado, pero ¿no es acaso la pequeñez de nuestros pecados la que nos condena a veces? ¡Qué poco hemos recibido a cambio de nuestra integridad! ¡A qué bajo costo nosotros mismos hemos permitido ser comprados!”

Eso es pesado, ¿eh? Y cuando solo me miro a mí misma y a mi pecado, me siento tentada hacia “las profundidades de la desesperación”. Y esto es importante porque sin darnos cuenta de lo malo que es, ¡no podemos entender cuán GRANDE es la esperanza que tenemos!

¡Debido a la Cruz tengo esperanza!

¡Debido a la Cruz soy redimida!

¡Debido a la Cruz, mi anillo de sello es entregado al Señor de Señores!

¡Debido a la Cruz, el mañana es un nuevo día sin errores!

Y esta buena noticia nos libera de la esclavitud y vuelve nuestros corazones en adoración al Rey Todopoderoso, que siempre actúa con nuestro bien en mente. Si estamos en Cristo, nuestro anillo de sello Le pertenece. ¡Ya no somos esclavas de nuestro apetito, como el rey Jerjes lo fue, sino esclavas de la justicia!

“Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;  y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” Romanos 6: 17-18

¡Regocíjense en esta buena noticia hoy, hermanas!

Todo por Jesús

Joy

Desafío de la semana 3: ¿Qué pasión, deseo o lógica impulsa tu vida? ¿Hay algo en tu vida de lo que seas un “esclava”? ¡Si es así, confiésalo hoy a Dios y permítele romper las cadenas y liberarte!

Traducido por Joanna Pérez de Merino

Versículo para Memorizar:

Plan de Lectura – Semana 3:


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