SEAN POCAS TUS PALABRAS

Vivimos en una época en que nuestros pensamientos y opiniones se pueden compartir en todo el mundo en cualquier momento, con poca o ninguna responsabilidad. Es fácil olvidar que todos tendremos que dar cuenta de cada palabra vacía que hayamos hablado.

“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”- Mateo 12: 36-37

Considerando el hecho de que Juan 1:1 describe a Jesús como “la Palabra”, en gran medida me declara culpable de las muchas veces que he usado mis palabras para juzgar, irreflexivamente y a la ligera.

Pasamos mucho tiempo considerando las palabras correctas para decir, el tono correcto para usar y el momento adecuado para hablar. La Palabra de Dios nos dice que no es solo lo que decimos y cómo lo decimos lo importante. Lo que elegimos no decir es igualmente trascendental.

“No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.”- Eclesiastés 5: 2

Soy culpable de ser una “solucionadora de problemas”. Para darle sentido a la vida, a menudo soy tentada a envolver las cosas en una reverencia y ofrecer respuestas fáciles para problemas complicados. Desafortunadamente, eso me ha llevado a hacer algunas precipitadas declaraciones imprudentes sin considerar realmente cómo serían recibidas.

Por sí solas, estas declaraciones pueden parecer inofensivas y bien intencionadas:

  • ‘Dios no te dará más de lo que puedes manejar’.
  • ‘Dios hace todo por una razón’.
  • ‘Dios está en control’.

Pero

  • para la mujer que acaba de ser diagnosticada con cáncer…
  • para la mujer que está planeando arreglos funerarios para su esposo o su hijo …
  • para la mujer que ha abortado por tercera vez …
  • para la mujer que acaba de ser agredida sexualmente …

… estas palabras bien intencionadas pueden ser desgarradoras y devastadoras.

“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.” – Proverbios 12:18

Dios habla con propósito en nuestras vidas. No desperdicia palabras ni habla sin razón. Cada palabra en la Escritura tiene significado y poder. Nunca debemos subestimar el poder de nuestras palabras para agotar la vida en lugar de darla.

Como Dios es nuestro Consolador, y nosotras somos creadas a Su imagen, naturalmente tenemos un fuerte deseo de consolar a las demás. Para muchas de nosotras, ese consuelo implica hablar palabras de aliento.

Sin embargo, cuando las personas están en medio de una tragedia y experimentan un dolor abrumador, son a menudo nuestras acciones guiadas por el Espíritu las que hablan más que nuestras palabras.

Jesús usó sus palabras para dar vida y esperanza a las personas. Cuando no había palabras para decir, Jesús escuchó. Lloró con los afligidos, sirvió a los que tenían hambre, comió con los que fueron rechazados y perseguidos, y curó a los que estaban quebrantados.

Debemos seguir el ejemplo de Jesús. Podemos transmitir vida a las personas con nuestro silencio, ministrando con un abrazo, con un oído atento, con una mano amiga o con simplemente nuestra presencia.

“El corazón del justo piensa para responder; Mas la boca de los impíos derrama malas cosas.” – Proverbios 15:28

A menudo le pedimos al Espíritu Santo que guíe nuestras palabras, pero también debemos pedirle que nos guíe para escuchar. En los últimos meses, he comenzado a orar el Salmo 141:3  “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios”. El Espíritu Santo respondió madurándome en la habilidad de escuchar activamente…  Ha tenido un impacto significativo en mis conexiones con las personas. Mi silencio ha sido un regalo de Dios. Que Dios nos bendiga a todas mientras buscamos honrarlo con nuestras palabras y con nuestro silencio.

¿Cómo podemos orar por ti mientras buscas la ayuda del Espíritu Santo para evitar tus palabras ociosas?

Paz y gracia para ti

Terria

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Terria sirve en los equipos de Aliento y Redes Sociales de Love God Greatly. Vive en Virginia con su esposo. Su pasión es avivar y empoderar a las mujeres para que se sujeten a la verdad de Dios y se aferren a ella. Se la puede encontrar trabajando duro en hospitales militares escuchando las historias de los pacientes mientras comparte el amor que Dios ha derramado en su vida. A pesar de las circunstancias a veces caóticas de la vida de Terria, Dios siempre se manifiesta fuerte y amoroso.

Desafío de la semana 3:

Es importante que aprendamos a controlar las palabras que hablamos. Presta atención a las palabras que dices esta semana, asegurándote de que estén honrando a Dios. Busca una amiga que ore por ti y a quien le rindas cuenta.

Traducido por Joanna Pérez de Merino

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Semana 3 – Plan de Lectura

Semana 3- Versiculo a Memorizar

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