Peleas desde la victoria, no para vencer

Antes de que la batalla hubiera siquiera empezado, Dios le dijo a Josué que ÉL había entregado Jericó en sus manos.

Sé que ya no nos gusta hablar de batallas o guerras. La idea de que todos coexistan juntos suena bien. Al conducir por la ciudad o en nuestras autopistas, muchas de nosotras veremos una o dos calcomanías con la palabra “coexistir” explicada usando los símbolos de varias religiones y cultos. 

Pero eso nunca sucederá.

Hasta que Jesús regrese y traiga Su juicio sobre la tierra, las batallas y las guerras permanecerán. Así que no importa cuán pacíficas deseemos que sean nuestras vidas, la verdad es que nuestras vidas, en este lado del cielo, estarán contaminadas con conflictos.

Para muchas de nosotras, una guerra invisible ya se está librando en nuestra contra, peleando en nuestra contra y tratando de evitar que aceptemos lo que somos en Cristo.

Se nos recuerda en Efesios 6:12:

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

Pero si bien esto es cierto, no tenemos que desanimarnos o sentirnos derrotadas. ¡Jesús ya peleó la batalla final en la cruz y GANÓ! Por Cristo, nosotras peleamos estas batallas desde un lugar de victoria, no de derrota.

¡Si solo más cristianos en nuestro país y alrededor del mundo pudieran abrazar esta verdad!

En los versículos 2-6 de Josué 6, vemos algunos mandamientos bien detallados que Dios le da a Josué.

Lo primero que noto es que las tácitas de guerra de Dios no son como las nuestras. Dios básicamente le dice a Josué que ataque Jericó con cierta marcha de algunos hombres, de sacerdotes con trompetas, del Arca del Señor; y finalmente en el último día, con gritos de todos ellos. 

¿Y sabes qué? Josué obedece sin importarle cuán locas suenen las tácticas militares de Dios.

¿Por qué? Porque él confía en Dios, él sabe que Dios hará lo que Él dice que hará.

Lo que Dios promete, lo cumple.

A través de esas tácticas militares locas, el asombroso poder de Dios se muestra a una nación malvada… y sus propios hijos que observan.


Si Josué hubiera atacado Jericó usando la sabiduría militar convencional del día y hubiera tenido éxito, la mano de Dios no se hubiera visto tan claramente en la victoria de la batalla ni se habría glorificado de la misma manera.

Las tácticas militares no convencionales eran tanto para la nación malvada como para el pueblo de Dios.

Dios hace lo mismo por nosotras hoy a través de Su Palabra.

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8:31

Amiga, Dios es por ti.

Tal vez tu ciudad de “Jericó” esté en tu vida para mostrarte a ti, y al mundo incrédulo a tu alrededor, cuán poderoso es Dios.

Sé un “Josué” y obedece la Palabra de Dios. Haz lo que te dice y observa cómo Dios derriba las murallas de “Jericó” ante tus propios ojos. No hay situación, ni dolor, ni pecado tan grande que Dios no pueda manejar, ni problema demasiado grande para Sus poderosas manos.

“el muro de la ciudad caerá (Josué 6:5) fue la promesa de Dios, y Sus promesas nunca fallan (Josué 21:45; 23:14). El pueblo de Dios no pelea simplemente por la victoria, sino desde la victoria, porque el Señor ya ganó la batalla. Reconsidere Sus promesas y obedezca lo que Él le dice que haga, y tendrá la victoria”. – Warren Wiersbe

¡Ama a Dios Grandemente!

Angela

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