Tiempo de lamentar

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Mientras me movía rápidamente a través de las redes sociales la semana pasada, disfruté mucho las fotografías de las fiestas que llenaban mi historia.

Había abundancia de vestidos floridos y niños adorables recogiendo huevos de Pascua de brillantes colores para llenar sus canastas. Admiré la decoración de mesa de temática primaveral, completa con ambientes creativamente diseñados y centros de mesa de jamón recién salidos del horno. Por supuesto, había un montón de fotos familiares increíbles con atuendos coordinados y, seamos sinceras, suficientes tomas para asegurarnos que no había papadas dobles y que todos los pequeños estaban mirando y sonriendo.

Incluso me pinté las uñas de los pies para el domingo de Pascua… con eso te digo todo.

Oh, cómo nos esforzamos por la prolija paquetería exterior y por presentarnos ansiosamente en masa el Domingo de Resurrección -un día lleno de vida y luz, una celebración legítima.

Pero mientras cantábamos del poder de la resurrección de Dios y de la victoria sobre la muerte, una lágrima se escapó sorpresivamente de mi ojo …

He aquí el hombre sobre la cruz.
Sobre sus hombros, mi pecado
Con vergüenza, escucho mi burlona voz
Gritar entre los escarnecedores
Fue mi pecado que lo mantuvo allí
Hasta cumplir la misión
Su último aliento me trajo vida
Lo sé, consumado es.
– Stuart Townend

En medio de una poderosa celebración de adoración, mi corazón fue llamado a recordar. Chicas, es tan bueno recordar (después de todo, en 1 Corintios 11 se nos instruye hacerlo). Jesús gustó la muerte que yo merecía. Por mi pecado Él pagó, tanto el pasado, el futuro y el que acabo de confesar justo ahora. Todo en nosotras quiere correr más allá del lamento, directo a la celebración. Pero es este dolor piadoso lo que lleva al arrepentimiento, y eso es lo que hace que la celebración de la gozosa gracia sea mucho más dulce.
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El libro de Miqueas comienza con lamento, y es lógico que sea así. Los israelitas estaban sumidos en el pecado: orgullosos y “testarudos”, como sus ancestros, “que no confiaban en el Señor su Dios” (2 Reyes 17:14). Debido a la rebelión de muchos, no les iría bien, terminando en el exilio y privados de la presencia de Dios (2 Reyes 17: 18-23).

Entonces, Miqueas lloró por la destrucción que vendría sobre Judá.

El libro de Miqueas sigue el mismo tipo de progresión que nosotros, como creyentes, debemos reflejar desde el inicio del Día de la Resurrección -y a lo largo de todo el año- cuando nos detenemos y nos predicamos el evangelio a nosotras mismas: a fin de comprender y responder adecuadamente a la profundidad y belleza de la misericordia de Dios y a Su relación que guarda el pacto con nosotras, primero debemos comprender la profundidad de nuestro pecado que una vez nos separó de Él.

(No estoy hablando de autocompasión aquí, eso es una atención mal dirigida hacia nosotras. Te ruego que no te atasques ahí. Estoy hablando de acercarnos a nuestras vidas a través de la lente del Evangelio y responder en consecuencia, para que demos toda la atención y gloria a Jesús.)
Como aquellos en los días de Miqueas, a menudo somos demasiado hospitalarias con nuestro pecado. Pasamos demasiado tiempo antes de nombrarlo por lo que realmente es, de lamentarlo, de confesarlo y de volvernos en arrepentimiento. En un mundo que exige tolerancia sobre la verdad, a veces incluso evitamos la palabra por completo. A su vez, nos perdemos el consuelo, la libertad y la felicidad que Dios provee en Él.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” – Salmo 139:23-24 (NTV)

Mantente firme a través del lamento de Miqueas … la liberación está llegando.

En el libro de Miqueas veremos tanto el juicio de Dios como la misericordia de Dios. Se nos recordará que somos propensas a vagar, que el Señor disciplina a los que ama (Hebreos 12: 6), y que Dios es un Dios que restaura las relaciones, siendo fiel a Sus promesas. Oro que a través de este viaje juntas crezcamos en la piedad y seamos llamadas a responder con gozo y agradecimiento por la asombrosa compasión, perdón y gracia de Dios para con nosotras.

Cantad a Jehová, vosotros sus santos,
Y celebrad la memoria de su santidad.
Porque un momento será su ira,
Pero su favor dura toda la vida.
Por la noche durará el lloro,
Y a la mañana vendrá la alegría. Salmo 30:4-5

A Sus pies,
Whitney

 

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