Saliendo del dolor

W4D5

WK 04-05

 

He visto muchas mujeres caminando con mucho dolor en sus vidas. Amigas a las que conozco por muchos años, conocidas por medio de las redes sociales y algunas mujeres que nunca he tenido el honor de conocer las cuales me han compartido sus historias de dolor. Cada situación es diferente. Cada historia te rompe el corazón. Ninguna historia se parece a la otra y sin embargo tienen una cosa en común: están destrozadas.

 

Y así estoy yo.

 

Durante muchos años he batallado con el dolor, el enojo y la decepción de las cosas que me han hecho o dicho. Te sorprenderías de saber las cosas que algunas personas pueden decir cuando están detrás de una pantalla de computador.

He permitido que la falta de perdón se haga fuerte en mi mente. He permitido que mi corazón se endurezca y he construido paredes de “protección” para que nadie más pueda herirme. Algunas veces, me he sorprendido haciendo las oraciones de David “encárgate de mis enemigos Señor”

Y, he permitido que se vuelvan poco saludables. En lugar de buscar sanarme, me he visto atrapada en el dolor. Recordando una y otra vez lo que esa situación me causó, una y otra vez en mi mente.

Y en vez de verme como victimizada. He comenzado a verme como una víctima. Cuando hice eso, Satanás puso una etiqueta en mi mente y se convirtió en mi identidad. Incluso muchos años después de que sucedieron los eventos, me encontré inhabilitada para moverme. Estaba afectando mi vida diaria y mis relaciones del presente.

 

Necesitaba que Dios me sanara.

 

Y quizás te encuentras en la misma situación. Y creo que Dios nos puede sanarnos de muchas maneras. Para algunas, puede hacerlo milagrosamente. Para otras, es hablando con un consejero. O para algunas requiere medicación recetada por su Doctor. Las maneras de sanación pueden variar.

Satanás ha estado trabajando tiempo extra en mi vida haciéndome creer que lo que me han hecho es lo que soy. Mi identidad no se encuentra en lo que ha sido maltratado, mi identidad se encuentra en Cristo y en lo que Él ha hecho por mí. Esa es la diferencia.

Cuando me veo como una víctima. No tengo poder para levantarme. No tengo oportunidad para sanarme. Me encanta la respuesta de José a sus hermanos, quienes, lo vendieron en esclavitud:

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy” (Gen. 50:20)

Cuando permitimos que Dios nos sane y nos alejamos de las heridas del pasado, lejos de la victimización, puedo escoger que ya no me veré como una víctima, sino como victoriosa. Por medio de Cristo, podemos hacer TODAS las cosas.

  • Solo porque algo me sucedió, no quiere decir que es lo que soy.
  • No tengo que buscar mi identidad en mis heridas.
  • Dios puede sanarme y convertir mis cenizas en algo muy hermoso.

 

Me gusta mucho Isaías 43:18:19

 

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”

 

Muchas de nosotras hemos caminado por tierras sombrías y desiertos, pero no tenemos que quedarnos allí. Dios esta con nosotras y puede llevarnos a la libertad.

Si Él es tan poderoso para crear el mundo, Él es lo suficientemente poderoso para crear algo nuevo en nuestras vidas. Con Su amor y Su poder sanador, Él abrirá un camino, solo debemos seguirle. Satanás tratará de tentarnos a quedarnos en el dolor. Nos alimentará de pensamientos que nos querrán dejar allí. Debemos aprender a pelear con las armas que el Señor nos da en Su Palabra. Nuestro pasado no nos define, Dios lo hace.

 

Dios quiere más para nuestras vidas… y yo también.

 

Nuestras historias pueden comenzar con dolor, pero no tienen que terminar de esa manera.

 

Por Cristo, somos Fuertes.

Por Cristo, podemos superarnos.

Por Cristo, podemos sanarnos.

Por Cristo, podemos perdonar.

Por Cristo podemos mostrar a aquellos que vienen detrás de nosotras que no somos definidas por lo que nos sucedió, sino por aquel a quien pertenecemos.

 

Somos Suyas.

No soy una víctima.

Y tampoco lo eres tú, amada amiga. #PorCristo

 

 

Ama a Dios Grandemente,

 

 

Angela

 

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