¿Dónde está tu fe?

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Para aquellas de nosotras que han estado en la iglesia durante mucho tiempo, los versículos de hoy pueden ser un tabú. Creemos. Somos salvas. Conocemos las respuestas de escuela dominical. Pero, si somos honestas, todavía tenemos momentos – semanas, temporadas – de duda e incredulidad.

A veces nuestra fe se siente pequeña.

“si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” Mateo 17:20

Sí, a veces nuestra fe se siente realmente pequeña.

Afortunadamente, no estamos solas. La Biblia está llena de historias de personas que tuvieron las mismas dudas.

– La fe de los discípulos hizo aguas en el Mar de Galilea en los versículos de hoy. Estos eran hombres que habían visto a Jesús realizar milagros y todavía tenían dudas.

– En el Antiguo Testamento, Moisés guio a los israelitas fuera del yugo de Egipto, pero cuando llegó el reporte de lo que les esperaba en Canaán (Números 13:28), la mayoría entró en pánico y pidió regresar a Egipto (Números 14:3). Estas personas acababan de ver la salvación de sus hijos durante la primera pascua y, literalmente, habían caminado a través del Mar Rojo.

La duda no es algo nuevo.

Una tormenta es la analogía perfecta para la prueba y la medida de nuestra ge. Es fácil cantar alabanzas y proclamar nuestra fe cuando la vida es tranquila y segura y predecible. Las pruebas de la vida – las tormentas – es donde realmente se refina nuestra fe.

He visto a amigos soportar lo insoportable y aferrarse a Dios y levantarse con cicatrices pero más fuertes. He visto también personas alejarse de su fe cuando las cosas no vienen fáciles. Yo he estado en ambos extremos.

Así que, ¿Cómo crecemos en nuestra fe, controlamos nuestras dudas y callamos nuestra incredulidad?

Confiamos en que Dios nos librará y ajustamos nuestras expectativas sobre cómo eso se puede hacer. Dios ha prometido que nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5).

A veces la liberación tiene la forma de la historia que escribiríamos en medio de la tormenta. Él cura al enfermo, nos cobija de los desastres naturales, protege nuestro matrimonio, provee económicamente.

A veces no se parece al plan que nosotras haríamos y la prueba toma una perspectiva eterna liberándonos del mundo (Filipenses 1:21).

Una sabia amiga me enseñó el hábito de orar de manera muy específica y escribir esas peticiones de oración. A veces estamos tan ocupadas que es muy fácil no poner atención a las respuestas de Dios a nuestras oraciones y he encontrado que llevar un listado específico me ayuda a recordar y a apreciar la cantidad de formas en las que Dios se muestra en mi vida.

No quiero una fe “de buen tiempo”. Quiero una fe resistente, valiente, que está profundamente anclada y segura. Mi oración es la misma que la del padre que suplicaba a Jesús que salvara a su hijo de un demonio. “Creo, ayuda a mi incredulidad” (Marcos 9:24).

Oramos por fe de que Él puede calmar las tormentas. Y que incluso si no lo hace, por la fe de que no nos abandonará en medio de ellas.

Amado Señor, dame la fe para confiar en ti más. Ayuda a mi incredulidad.

Gracia y paz,
Sara

 

Desafío semana 2: Completa esta frase: “voy a confiar en Dios en…”

Plan de lectura semana 2 –

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Versículo para memorizar semana 2 –

W2

 

 

 

 

 

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