CORRIENDO LA CARRERA DE LA GRACIA


Mientras pasamos por diferentes etapas de nuestras vidas, es muy fácil querer correr hacia adelante. Una entrevista emocionante puede conducir a un mejor trabajo, que con suerte pagará por un automóvil nuevo, y el automóvil será perfecto para ese viaje que queremos llevar a cabo. Antes de que tengas la entrevista, es posible que ya hayas planeado todos los lugares que deseas ver en tu viaje. Pero esta carrera que corremos con el Señor no se trata de lo que queremos hacer; se trata de lo que queremos ser. Dios no quiere que nos adelantemos y nos manda a no adelantarnos.

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” Santiago 5:7-8

Mi hija mayor tiene nueve años y definitivamente heredó la necesidad desesperada de llegar a tiempo de mi esposo. (Fue criado en una casa de militares, yo crecí en una indulgente). Vivimos lejos de la escuela, así que sabemos que pasaremos unos 30 minutos en el automóvil antes de la escuela todos los días. El tráfico es impredecible, y también lo son los hábitos mañaneros de mi hija menor, lo que genera un gran estrés para mi hija mayor. Esta mañana, los caminos estaban bastante despejados y estábamos a tiempo para llegar sin retrasos. Pero eso no era lo suficientemente bueno para mi hija de nueve años, a veces ansiosa y mayormente responsable.

“Mamá, vamos a llegar tarde”.

“No, no lo haremos cariño. Intenta relajarte. Ora para que se vaya tu estrés”.

“Si solo hubiera pensado en el futuro. ¡Podría haber cambiado todos los relojes en la escuela anoche! ¡Si los hubiera devuelto a todos diez minutos, entonces no estaríamos llegando tan ajustados! ”

¿Cuántas veces le hacemos esto a Dios? Queremos alzarnos por encima de Su trono para ajustar las manecillas en Su reloj sagrado, cambiando Sus planes para satisfacer nuestras necesidades inmediatas, profanando Su tiempo sagrado en lugar de confiar en Él. En buenos o malos momentos, tendemos a apresurarnos. Oh, cómo nos llama a reducir la velocidad y someternos a Él en lugar de eso. Desde nosotros hasta Él la pista no es una carrera de ratas, es la carrera de la gracia.

• Cuando estamos cansadas ​​y perdemos el foco, conocemos el poder de nuestro Dios para perdonar al mundo entero por sus pecados con Su único Hijo. Conocer a nuestro Padre Todopoderoso nos trae fortaleza sobrenatural.

• Cuando nos duele y queremos renunciar, sabemos que nuestro Dios no permitiría el dolor si no nos condujera a la libertad. Saber que Su plan de redención ya está completo nos trae la paz que sobrepasa todo entendimiento.

• Cuando alguien más tropieza a nuestro lado, recordamos todas las veces que la compasión de Dios estuvo por encima de nuestros propios errores. Conocer Su amor sin límites nos inspira a ayudar a otros en sus carreras, en lugar de dejarlos atrás.

Dios nos invita a la pista para una carrera de gracia. Comienza con todos nosotras y termina con todo de Él. Si nosotras, como cristianas, somos pacientes, humildes, honestas y obedientes, lentamente seremos transformadas como Él a lo largo del camino. Y al final, levantaremos nuestros corazones y brazos en celebración de Dios y de toda Su gloria, no la nuestra.

Todo por SU gloria,

Amanda

Traducido por Joanna Pérez de Merino

 

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