El precio del discipulado

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Toda esta semana hemos estudiado a los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago, a quienes Dios usó grandemente para Su gloria. En el pasaje de hoy, aprendemos sobre su final en la tierra.

Juan fue exiliado a la isla de Patmos para pasar el resto de su vida terrenal solo y aislado, sin su familia ni sus hermanos en Cristo. Santiago fue asesinado por la espada del rey Herodes y su orden de perseguir a la iglesia. Ambos hermanos sufrieron grandemente por su fe pero estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por la gloria de Jesucristo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” – Mateo 16:24

Jesús se aseguró de que Sus discípulos fueran siempre conscientes de la necesidad de rendirse completamente y de su compromiso para identificarse con Él y con Su cruz…sin importar el precio. Para los discípulos, “tomar su cruz” significó el rechazo, la persecución, e incluso la muerte. Aun así, su esperanza estaba puesta en Jesús, quien sufrió profundamente por Su amor apasionado por las personas.

Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; – 2 Timoteo 3:12

Cada creyente enfrentará en algún momento algún grado de oposición, persecución y sufrimiento si realmente busca seguir a Dios. Aunque no suframos martirio como muchos de los discípulos, seguir a Cristo puede significar que se burlen de nosotros, nos calumnien o nos odien. Puede que nos excluyan de eventos de trabajo o de reuniones familiares. Puede que perdamos relaciones, nuestra reputación o nuestra forma de vida.

Incluso en los momentos más difíciles, cuando sentimos que el precio de seguir a Dios es demasiado alto, los creyentes pueden confiar en que Dios es suficiente. Ningún dolor ni sufrimiento en esta vida excede el placer de conocer a Dios de manera íntima. Debemos aferrarnos a esa promesa.

Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” – Juan 15:20

El llamado a conocer a Cristo de manera íntima significa que compartimos Su sufrimiento para que podamos compartir también Su gloria eterna. La persecución y el sufrimiento no vencen al pueblo de Dios. Los planes de Dios en la tierra se cumplen cuando Su pueblo está unido con Jesús y está dispuesto a sacrificarlo todo para ser más como Él. Dios promete que, para los creyentes, el dolor y el sufrimiento terminará y que la muerte terminará en victoria.

Nuestro futuro es brillante.

Juan y Santiago lo dejaron todo para seguir a Jesús. Sacrificaron todo para magnificarle y lo ganaron todo. Dos pescadores ordinarios rendidos por completo a Dios y, a través de sus vidas, Dios demostró Su poder extraordinario y Su fuerza. ¿Qué nos impide hacer lo mismo?

A medida que soportas los sacrificios de seguir a Jesús, ¿de qué manera estás viendo la evidencia de la presencia de Dios y el gozo en tu vida? ¿Cómo podemos orar por ti  a medida que te comprometes a seguir a Jesús, sin importar el precio?

Paz y gracia,

 

Terria

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