El temor del hombre sabio

 

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Si estás con nosotras en este estudio entonces puedo asegurar que quieres ser una persona sabia. Quieres que la sabiduría sea tanta que se desborde en tus pensamientos, tus palabras, tus acciones.

También puedo asumir que, si eres un ser humano, fallas en esta acción diariamente.

¿Cuántas veces hemos hablado de la ira o de la impaciencia o el haber actuado como tontas? ¿Cuántas veces hemos ignorado la búsqueda de consejo sabio? ¿Y cuántas veces hemos totalmente ignorado lo que la Biblia nos dice? Y todo esto es falta de sabiduría.

 

Estas fallas y tonterías nos pueden llevar a sentirnos mal, pero a cambio de sumergirnos en la culpabilidad arrepintámonos y alabemos a Jesús por cargar con la ira de Dios en nuestro nombre. Levantémonos, sacudamos el polvo, y alegrémonos que hoy es un nuevo día en el que caminaremos en rectitud y aprendernos a ser sabias.

 

Nuestro enfoque de la semana ha sido la fuente de la sabiduría y terminaremos esta semana observando el final de Proverbios 15.

 

De acuerdo con el versículo 32 una de las señales de una persona sabia es que ella acepta la corrección de buena manera. Ella reconoce que por medio de la corrección es que ella aprende, cambia y crece.

 

Da instrucción al hombre sabio,

Y el seguirá siendo sabio;

Enseña al hombre justo,

Y el incrementará su aprendizaje.

Proverbios 9:9

 

Aquellos que se rehúsan a ser corregidos, por medio de las Escrituras o por el consejo del sabio, muestran que tienen un corazón orgulloso. Pero irónicamente revelan que se odian a sí mismos (vs.32). A ellos les importa más lucir bien a los ojos de ellos mismos que a los ojos de Dios. El no amar la sabiduría, el no aceptar la corrección amorosa (sin olvidar que algunas veces es dolorosa), es como un abuso para nuestra alma.

 

Por eso el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Es el temor y el respeto por Dios que cambian la manera en que hablamos y vivimos. Temer a Dios también produce un afecto profundo por las Escrituras. Qué diferencia hace cuando nos damos cuenta de que tenemos al alcance de nuestra mano un libro que contiene la sabiduría de Dios escrita para nosotros.

 

El amor por las Escrituras no sólo quiere decir que nos deleitamos en ella, sino también que obedecemos sus preceptos. Aquellos que temen a Dios son más temerosos de Dios, que al hombre, ellos aman Su camino más que sus propios caminos, y están dispuestos a sufrir por Su amor en lugar de su propio beneficio.

 

Y al final, ¿no son los que se humillan a la palabra y a los caminos de Dios, los que temen al Señor, que serán exaltados y levantados (Mateo 23:12)?

 

La sabiduría comienza por temer al Señor, lo que significa que debemos hacer nuestra misión el hecho de cultivar esto en nuestros corazones. Esto es algo que se desarrolla por la fe a medida que ganamos una visión bíblica de Dios y de nosotros mismos. Lee la palabra, cree al Dios revelado en el interior, recibe sus promesas y obedece sus mandamientos. Y allí, el temor del Señor crece.

 

Isaías 11:2-3 resume el resultado de este temor de una manera hermosa.

 

 

“Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová;

Espíritu de sabiduría y de inteligencia,

Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

Y le hará entender diligente en el temor de Jehová.

No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;”

Mirando a Jesús,

Jen

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