Los perdonados, perdonen

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Los versículos de hoy están tomados de la oración del Señor en Mateo 6. Estamos tan familiarizadas con ella que, si somos honestas, admitiremos que no significa mucho para nosotras cuando la leemos. Yo me he sentido así por lo menos. Pero la oración del Señor está llena de verdad teológica y aplicación práctica y, en medio de ella, encontramos palabras duras como estas del versículo 12:

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”

¿Te das cuenta? Cuando oramos estas palabras le estamos pidiendo a Dios que perdone nuestros pecados del mismo modo que nosotras estamos perdonando a aquellos que pecan contra nosotras. ¿De qué manera perdonamos a otros?

¿Qué hacemos con los demás? ¿Perdonamos o nos enfadamos? ¿Amamos o guardamos amargura? ¿Perseguimos la reconciliación?

Por alguna razón, es muy fácil para nosotras olvidar el tipo de perdón que tenemos en Cristo. Somos personas que hemos ofendido a Dios más de lo que jamás podamos comprender, pero también hemos sido perdonadas a un grado tal que difícilmente lo podemos comprender. La magnitud de nuestro perdón debe guiarnos a extender perdón a otros.

El llamado a perdonar a otros

C.S. Lewis escribió:

Ninguna parte de esta enseñanza es más clara: y no hay excepción a ella. No dice que debemos perdonar el pecado de otros por distintas circunstancias. Debemos perdonarlos todos, sin importar lo malévolo, mezquino, o la frecuencia con que se repiten. Si no lo hacemos, no deberíamos esperar que se perdone ninguno de los nuestros. (Fern-seed and Elephants)

¡Más que palabras! No hay excepciones en ninguna parte de la Biblia que nos permita evitar perdonar a otros.

Es fácil ver los pecados cometidos contra nosotras como algo peor que los pecados que nosotras cometemos contra Dios y esto puede llevar a muchas a rehusar extender perdón. Dios habla sobre esto y lo que dice es claro…

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” – Mateo 5:7

¿Quién está recibiendo misericordia? Aquel que muestra misericordia.

mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” – Mateo 6:15

Seamos claras, no ganamos nuestro perdón por perdonar a otros, pero es una señal de nuestra salvación. Aquellos que han sido perdonados, perdonarán a otros. Es una prueba de nuestra salud espiritual. Si constantemente luchamos con perdonar a otros, guardamos amargura, o es común que tengamos resentimiento, entonces no comprendemos realmente la enormidad de nuestros pecados contra Dios y el maravilloso perdón que tenemos en Jesús.

El Poder de perdonar

Por la misericordia y la gracia de Dios tenemos siempre buenas noticias. Perdonar a otros no es fácil y no es realmente posible sin el poder de Dios. Somos nuevas creaciones ahora y esto significa que se nos ha dado el poder del Espíritu Santo (Romanos 8:11) y la capacidad de amar y perdonar a aquellos que pecan contra nosotras. No creas la mentira de que no puedes, ¡sí puedes!

¿Es fácil? No. Dios nunca dijo que fuera fácil. Pero porque Dios siempre está con nosotras, y por nosotras y en nosotras, somos capaces de vencer la ira, la amargura, el resentimiento y todas las formas de falta de perdón.

Pertenecemos a un Dios que nos pide que hagamos cosas difíciles – nunca en nuestra fuerza, sino en la Suya. También pertenecemos a un Dios que nos da el poder de hacer más de lo que jamás podríamos haber imaginado.

Mirando a Jesús,

 

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