Obediencia al que nos sostiene

obediencia al que nos sostiene

La porción de Juan 15.1-17 da para un estudio extenso, pues tiene un gran contenido teológico con el hermoso cuadro de la vid. Pero me basaré en dos mandamientos fundamentales que el Señor pide con firmeza en los creyentes.

“Permanezcan en mí”.

Esta orden tiene un profundo significado, permanecer es quedarse en un lugar o en una relación, morar, durar, perdurable, persistir, retener, vivir. Qué precioso, ¿no?

Me viene a la mente el versículo que dice:

¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? St. 4.5.

No puedo evitar evocar el cuadro de una madre a un hijo que no quiere separarse de él, que quiere que perciba su gran amor, se deleita en lo que hace, quiere protegerlo, que no tenga temor, se preocupa porque siga un camino recto…

Dios ansía estar con nosotros, desea una comunión con Sus hijos, que busquemos Su voluntad, siendo humildes, que dependamos de Él y no de nosotros mismos y de nuestros planes.

Conmovedor este concepto, pero me lleva a pensar las veces en que lo he ignorado, que no he orado, que no me he deleitado en Su Ley, que me he dejado llevar por la vorágine de este mundo, que he actuado en mis fuerzas, en mi soberbia y en mi voluntad.

Es muy claro al señalar: “sin mí, nada podéis hacer” (vs. 5c).

Alzaré mis ojos a los montes;

¿De dónde vendrá mi socorro?

 Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.

Sal. 121. 1-2.

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Jer. 29.11.

Si somos obedientes, el Señor es complaciente cual Padre cariñoso: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (vs.7).

El siguiente mandamiento es:

“ Que os améis unos a otros, como yo os he amado.” (Jn.15.12).

Es fundamental la comparación que hace para poder tener un amor genuino: Tener el perdón por delante y pensar en todas las ocasiones en que el Salvador me ha perdonado y a qué grado.

¿Cuántas veces nos hemos sentido muy ofendidos por pequeñeces? Más de una ¿no es cierto? O somos muy exigentes las actitudes hacia nosotros, sin contar los malos procederes que hemos tenido con el prójimo.

Dios no se puso exigente, solo por amor, dio lo más preciado, la vida de Su Unigénito, por los pecadores, malagradecidos, cobardes, indignos, traicioneros, mentirosos, soberbios, como tú y como yo…

Gran desafío con estas peticiones tan concisas y precisas de nuestro buen Dios. Ayúdanos Señor a ser obedientes. En nombre de Jesús, amén.

Solo por Su Gracia:

Jéssica M. Jiménez Barragán.

https://www.facebook.com/Convisiondehogar

http://convisiondehogar.blogspot.mx/

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Rivera Castro dice:

    Muy bello, gracias!
    Una de mis porciones favoritas de la Biblia,
    Muy rico.
    Me llama la atención el enfasis en que, nada bueno sale de nuestra naturaleza si no es por medio de El y cuando ya ha salido es PARA El. Somos soldados y militamos para Cristo.

    1. Jéssica Jiménez dice:

      Así es Ana, gracias por leer y escribir. Un abrazo.

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