Confiar en Dios a través de la Oración

 confiar en Dios a través de la oración

Lectura – 1 Samuel 1:7-20

En el pasaje que hoy leemos hay varias declaraciones acerca de la oración de Ana, que me parecen muy interesantes, les invito a revisarlas conmigo permitiendo que el Espíritu Santo hable a nuestro corazón.

Por ejemplo, cuando la palabra declara: “Así hacía cada año, cuando subía a la casa de Jehová….”. Es decir, esta mujer subía a la casa de Dios año tras año a presentar sus ofrendas, iba al tiempo donde debía hallar descanso a su alma, a su dolor…pero aún ahí era molestada, era irritada y entristecida por los desplantes de su rival. Y esto pasaba vez tras vez, por un largo tiempo, porque la Escritura refiere que Penina tenía ya hijos e hijas.

¿Te ha ocurrido esto en alguna ocasión? ¿Que hasta en el tiempo donde buscas refrigerio para tu corazón, en esos momentos en los que sedienta vas a la Palabra para que esta sacie toda tu sed…aún ahí eres estorbada, aún ahí el adversario nuestro viene a querer recordarnos el pasado, o quizás hasta utiliza a alguien para tratar de disminuirnos o menospreciar nuestra necesidad?

Ahora veamos la siguiente porción: “Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido…” Nos habla de una mujer completamente determinada, como decimos en mi familia: ¡echada para adelante! Sin dudar ese día, Ana dirigió sus pasos con una firme decisión, hoy no sería nunca más como las veces anteriores delante del Señor, hoy iba a hacer todo lo que estuviera en sus manos para obtener una respuesta. Cobró aliento, se llenó de fe.

Y al igual que aquella joven reina -Ester- Ana se determinó a presentarse ante el Todopoderoso. Ya nada en su vida le era más valioso, su corazón corrió para ir ante el Rey y esperar que este extendiera su cetro de misericordia, la salvara de su angustia y le concediera la petición de su corazón (Ester 4:16). O como Jacob, quien después de cosechar los frutos de su propio engaño, y ante el peligro de perder no solo su vida sino todo cuánto poseía, se volvió un hombre determinado al grado de pelear con Dios hasta lograr obtener su bendición (Génesis 32).

Para Ana, esta no sería igual a las demás ocasiones, esta vez estaba dispuesta a buscar y hallar el favor del Señor.

Muchas veces nuestra oración es tímida, no nos comprometemos completamente ante la carga que nos es dada para interceder, pero necesitamos saber que hay un costo. Orar para obtener la salvación para nuestra familia, orar por la salud de alguien amado, orar por la reconciliación de quienes amamos, tiene un costo que fue pagado en la cruz, sí, pero que a nosotras siervas del Altísimo nos deberá mover a las rodillas, al ayuno, a extendernos más allá de nuestra comodidad (2 Corintios 5:20).

En este punto quisiera invitarles a que analicemos brevemente, ¿cómo ponemos nuestras peticiones delante del Señor?

Quizás lo hacemos como si fuera lámpara de aladino, ya froté, ya pedí, ya quiero ver mi respuesta. Otras veces oramos, sí, pero en lo profundo de los corazones ….hay duda, hay incredulidad. Algunas otras veces hacemos oración y luego como que hablamos mal del Señor, y andamos por aquí y por allá con todo aquél que nos anima a no desmayar en la oración, diciendo, ¡ya hice de todo! ¡no sucede nada! Como diciendo pobres de nosotras, mira cuán injustamente estoy siendo tratada. Algunas oraciones son tipo intercambio, si me das esto, entonces te prometo…. ¡Qué lamentable! ¿no creen?

La oración de Ana fue desde lo profundo de su corazón, ya no había apariencia que ella quisiera cubrir, o intención oculta en sus palabras, o un cúmulo de ofrecimientos que en el fondo no estaba dispuesta a cumplir, ¡oh no! Todo lo contrario, esa mujer habló desde su dolor, desde su tristeza y desesperanza, oró con determinación, sabía lo que estaba diciendo, estaba lista para cumplir lo que con sus labios ofrecía, estaba ahí reconociendo el señorío y la autoridad de nuestro Dios. Su corazón estaba rendido, tanto que estaba dispuesta a desprenderse de su propia petición…hasta ese grado era su confianza.

“Y oraba largamente….”Su oración fue larga, no fue un mensaje de esos tipo telegrama, le narraba a su Dios quizás, todo su dolor, le abría el corazón para que viera por qué cosas había estado pasando esos años de espera, El lo sabe todo, pero ella quería confesar sin dejar nada ahí resguardado para ella misma; si había que pedir perdón, ese era su momento, si había que perdonar y dejar toda amargura y resentimiento, era ahí en ese sitio el mejor lugar para hacerlo.

¡Y llegó la solución! mmmm no…..todavía alguien más vino a mal entenderla, aún había que librar otro obstáculo más. “Elí la tuvo por ebria…” Sin embargo, la respuesta que Ana dió al sacerdote Eli, nos demuestra que ella estaba más interesada en ser escuchada por el que sí podía darle respuesta y librarle de esa angustia. En lugar de desgastarse en explicaciones buscando cuidar su imagen, ella supo guardar su corazón y mostrar respeto a ese líder que la malinterpretaba, a ese sacerdote que no supo discernir el corazón lastimado y necesitado de esa mujer.

Finalmente Elí comprendió su dolor y la bendijo. “Ve en paz y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho….” Y el Señor lo hizo, Jehová se acordó de ella, llegó el tiempo de su respuesta. ¡¡Aleluya!!

Ahora traigamos toda esta historia a nuestras propias vidas, ¿Cuántas peticiones has puesto delante del Señor?¿Cómo y cuánto has orado delante de El por esas peticiones? ¿cómo has presentado tu corazón delante de El cada vez que clamas por su ayuda? ¿Ha sido el Señor la torre a dónde has corrido a buscar refugio y consuelo? ¿Has ido a sus pies buscando oír su voz y recibir de El la estrategia, o has querido mover tú los hilos de las situaciones para obtener lo que necesitas?

Les parece bien que tomemos unos minutos, estamos solas leyendo este sencillo artículo, nadie más sabe quienes somos en verdad, ¿no creen que es el mejor momento para hacernos un auto examen? ¿de que ustedes y yo meditemos en nuestros caminos, en nuestras formas al orar, al interceder, al presentarnos delante del Dios Omnipotente? ¿no creen que nos conviene limpiarnos y sacudirnos de toda demanda, de toda forma que hemos tomado cuando oramos?

1 Pedro 5:6-7 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Oigamos hoy la voz del Espíritu, quien en nosotras, nos lleva a toda verdad, nos hace entender. El cual también nos conoce profunda y completamente. Determinémonos a ir al Todopoderoso, en sus formas, bajos sus principios, no dudando, no exigiendo, solo orando sin cesar, esperando y confiando en que si en Su voluntad hará lo que pedimos, El lo hará, y si no nos lo diera, aún así le alabaríamos porque El es digno de ser amado, deseado, buscado. Es merecedor de toda alabanza y adoración.

Sirviendo al Rey con gozo

Silvia Sánchez de Salazar

 


¡Nuestro próximo estudio! El 7 de septiembre comenzaremos el estudio de Gálatas. Invita a algunas amigas y marca el calendario para comenzar el estudio juntas. Estaremos abriendo la inscripción al estudio próximamente ¡atentas!

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5 thoughts on “Confiar en Dios a través de la Oración

  1. Gracias por la bendición de sus estudios, cada Mail y cada enseñanza hace que modifique algo en mi vida, para glorificar el nombre de Dios !!

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