¿Y quién es mi prójimo?

quién es mi prójimo

Lucas 10:36-37
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

El 1 de julio de 2013, abrí la puerta para mover mi viejo carro y para mi sorpresa, me lo habían hurtado. Pasé a ser una estadística más en mi país, en la que gracias a Dios, esta vez solo se llevaron el carro, sin violencia. Un año anterior, saliendo de mi casita, un hombre con pistola en mano y bajo amenaza de muerte, me robó el mismo carrito viejo año 84, pero justo al siguiente día lo encontró la policía y me lo entregaron intacto, un mes después; esta vez fue todo en silencio, sin violencia pero ya sin devolución.

Estos dos hechos me dieron muchas lecciones, en la primera circunstancia, pude ver la mano poderosa de Dios guardándome en todo momento; y en la segunda, vi cómo Dios usa tantas personas buenas, que sin conocerme, me brindaron su mano, tal como el samaritano que ayudó al hombre que los ladrones dejaron tirado camino a Jerusalén a Jericó.

Nuestra lectura de hoy nos narra la linda del buen samaritano, parábola que Jesús utilizó cuando un intérprete de la Ley le cuestionó para probarle “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? (Luc. 10:25), Jesús conociendo que este hombre era maestro de la Ley, –en su mismo lenguaje-le hace dos preguntas: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? … Puedo imaginarme el ego herido del maestro de la Ley, apresurado a mostrar sus conocimientos le responde:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. (Luc. 10:28). Definitivamente esta respuesta dejó en desventaja al intérprete de la Ley, que pese a sus conocimientos, en la práctica estaba bien lejos de amar a Dios y al PRÓJIMO.

Este doctor en la Ley tratando de recuperarse de la respuesta de Jesús, trata de justificar aún su postura al preguntar de nuevo: ¿Y quién es mi prójimo? (luc. 10:29) y aquí nos cuenta Jesús la parábola del samaritano (luc. 10:30-35). Jesús ocupa en su relato a cuatro personas: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, a quien le roban y dejan medio muerto, luego pasa UN SACERDOTE que viéndole, pasó de largo. Asimismo UN LEVITA, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero UN SAMARITANO, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia.

Con este ejemplo Jesús deja bien en claro quién es el PRÓJIMO, ya que al preguntar quién de los tres fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones, el intérprete de la Ley le responde a Jesús: El que usó de misericordia con él.

¡¡¡¿¿Cuántas personas tuvieron misericordia de mí y de mis hijos a los días posteriores al robo de mi carro??!!! 1Dios es fiel con nosotros! Eran días duros, mi papá hospitalizado en las afueras de la ciudad, me obligaban a ir a diario en carro hasta el nosocomio; además durante mi receso de almuerzo del trabajo, debía recoger al mediodía a mis hijos del colegio a la casa, en apenas 40 minutos, no había dinero para taxis, solo esperaba que Dios pusiera “ángeles” para ayudarme a mover de un lado a otro. Me iba de la oficina al colegio en aventón, moto, bus, etc. al llegar al colegio una mamá de un amigo de mi hijo y amiga mía, se tomó el tiempo de llevarme durante “UN MES” del colegio a la casa, se desviaba como 6 km, pero aún así con mucho amor me dio ese apoyo. Era una red de samaritanos completa la que Dios utilizó.

Posteriormente mi esposo compró una camionetita (más viejita que yo), pero ya teníamos cómo movilizarnos, lamentablemente el carrito necesitaba muchas reparaciones y el presupuesto no daba para más, y después de un mes de comprada, TODOS los días fallaba y me dejaba varada. Pasaría todo un día escribiendo las anécdotas de todos los samaritanos que sin conocerme, paraban a ayudarme a empujar, a remendar cables, a cambiar llantas, a recoger piezas, a reparar fusibles para luces, limpiaparabrisas, etc. No importaba la hora, Dios siempre puso a esos samaritanos a ayudarme, gente que nunca sabré sus nombres, pero que fueron verdaderos ángeles del Señor.

El Señor Jesús nos deja claro que nuestro prójimo no es necesariamente quien pertenece a nuestra misma iglesia, incluso nuestra fe, no es a quien se conoce, ni que sea de la misma raza o condición. Nuestro prójimo es toda aquella persona que necesita nuestra ayuda. El Maestro nos ilustra que la verdadera fe no consiste en ritos, conocimientos, sacrificios, sino mas bien en actos de amor, en hacer el bien a otros, en demostrar el amor solidario y sin barreras, ni excepciones, tal como Él lo hizo.

La actitud del samaritano debe ser imitada a diario por nosotras Ve, y haz tú lo mismo. (Luc.10:37) nos habla de un presente constante. El amor al prójimo como a uno mismo no tiene límites, incluso hasta con el enemigo. Así como Dios nos curó las heridas y rescató de la condenación, mediante su Hijo amado, es nuestro deber que en nuestro trabajo y en nuestra comunidad o esferas de influencia y según nuestras capacidades, brindar ayuda a los que sufren o necesitan ayuda, porque así como nosotras lo recibimos del Señor y somos consoladas por Él, así debemos poner también el amor para nuestros prójimos.

Alcanzada por Su gracia,

Carolina
Te recomiendo este video: http://youtu.be/24EJ6GegM48?list=PL1B0E750B1F923214

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