¿Y si tratamos de dejar de decidir si son dignos?

mat 25-35

 

Los niños a menudo dicen lo que los adultos están pensando… pero con palabras que no nos atreveríamos a dejar salir de nuestras bocas.

“¿Por qué ellos están sin hogar? ¿No tienen trabajo? Papá tiene un trabajo… “

Mi marido acababa de entrar por la puerta después de llevar alimentos al refugio de personas sin hogar de la ciudad. Su familia, más una generosa selección de comida, estaba esperándolo en la mesa a su regreso, así como una serie de preguntas de las que ninguno de nosotros sabía la respuesta realmente.

“La vida es dura a veces, chicos. Nadie sabe por lo que han pasado”.

Su voz era tranquila y reflexiva, y me di cuenta de que no había tocado su comida. La visita, obviamente, le había impactado en formas que aún no era capaz de verbalizar. Así que en lugar de pretender tener respuestas que de ninguna manera estaban a su alcance, comenzó a hablar de la gente.

Personas como tú y como yo, de verdad.

Personas con hambre. Personas con sueños. Personas que han experimentado de primera mano la dura realidad de que la vida no siempre resulta cómo se planificó. Personas que están listas para el cambio, pero simplemente no saben cómo. Personas que desean poder estar libres de las luchas diarias que les aquejan, pero que, en realidad, no saben por dónde empezar. Personas que necesitan mucho menos de sí mismos, y mucho más de Jesús.

“Estoy segura de que, justo esa mañana, estaba enfocada en mi vieja decoración de la cocina, mi internet lento, y el hecho de que tengo que perder cinco kilos. Oh, con qué facilidad nos volvemos descontentas y hacemos que nuestros mundos estén centrados en todo acerca de nosotras.

Sus tiernas palabras fueron dirigidas hacia nuestros hijos, pero Dios quería que esas palabras fueran para mí.

Hay un mundo que se está muriendo.

En todo el mundo, a través de la ciudad, y justo en mi misma calle. Y estamos sentadas en nuestras mesas en abundancia, tratando de decidir si son dignos.

___________________

No éramos dignos.

Dios sabe la profundidad de nuestro pecado, pero ha dado a su Hijo por voluntad propia. Por el pecado que ya había inundado la tierra, y por el pecado que estaba por venir. Él no insistió en que nos limpiáramos nosotros mismos o en comprobar con rehabilitación o con trabajo hasta que pudiéramos ganar nuestro salida.

No hay condenación.

No hay discriminación.

No hay expectativa de tener todo listo por nuestra cuenta.

Él simplemente entró en la oscuridad y se dio, para que nosotros pudiéramos vivir.

“Que aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. ~ Romanos 5: 8

___________________

No sé quién es para ti.

Tal vez sea una nación de personas heridas a medio mundo de distancia, o tal vez es el completo desconocido con el que te encontrarás al final de esta semana.

Pero esto si lo sé a ciencia cierta: alguien en tu camino – y en el mío – necesita una luz que brille en la oscuridad.

¿Los vamos a mirar con compasión en nuestros ojos, o vamos a mirar hacia otro lado mientras tratamos de decidir si son dignos o no?

Hay un mundo que se está muriendo, y la medicina que necesitan es Jesús.

Oh, sí, demandará esfuerzo.

Probablemente, será caótico.

Ciertamente, será costoso.

Una y otra vez, significará morir a nosotras mismas y a todas las comodidades a las que nos aferramos con tanta fuerza.

Pero por la gracia de Dios a causa de nuestro amor genuino por Dios, podemos intencionalmente {vivir en comunidad} con nuestro mundo.

No porque tú o yo o el mundo de alguna manera seamos dignos…

Si no debido a que Jesús es digno.

Oh hijas de Dios, no podemos mirar hacia otro lado …

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer,

Tuve sed, y me disteis de beber;

Fui forastero y me invitó a entrar,

Yo necesité ropa, y me vistieron,

Estuve enfermo y me atendieron,

Estuve en la cárcel y vinisteis a verme.

“Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de los más pequeños de estos mis hermanos más pequeños,

lo que hicieron por mí. ‘”

~ Mateo 25: 35-36

 

Vayamos al mundo y demos, de manera que a través de Jesús puedan vivir.

  A sus pies,

Whitney1

 

 

 

 

 

* Hablemos: ¿Cuál es tu mayor obstáculo cuando se trata de mostrar tu luz en un mundo oscuro? ¿Dónde está Dios llamándote a brillar?

Traducido por Joanna Pérez de Merino

 

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