Elisabet

Elisabet

Elisabet (PLENITUD DE DIOS), era una mujer extraordinaria. Era esposa de un sacer­dote de nombre Zacarías. A los sacerdotes de Israel solamente se les permitía casarse con mujeres piadosas, cuya conducta moral fuera totalmente intachable; de otra manera, ellas contaminarían el santo ministerio de sus maridos. Elisabet lo era en realidad.

No solamente se casó con un sacerdote, sino que ella misma era des­cendiente de la distinguida tribu sacerdotal de Aarón. Su nombre es deri­vado de la misma raíz que el nombre de la esposa del primer sacerdote de Israel, Aarón, la cual se llamaba Eliseba. La Biblia hace constar que am­bos eran rectos e intachables delante de Dios, andando en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor, sin faltar en nada.

Nadie hablaba mal de ella. Y su vida no solamente seguía la senda del carácter espiritual de su piadoso marido, sino que tenía ella misma una vida espiritual desarrollada, pues la vemos honrada a causa de su perso­nal relación con Dios.

Elisabet vivía no sólo según la letra de la ley, sino que servía a Dios en el espíritu de la ley. A la luz de todo esto, su esterilidad era enigmática y penosa para ella. Como muchas otras mujeres judías que engendraban hijos, había alentado el remoto deseo de tenerlos, ­sin embargo, tiene que soportar la vergüenza de ser estéril.

Sin duda, se había hecho a menudo penosas preguntas como éstas: ¿Qué he hecho yo de mal? ¿Por qué Dios no es misericordioso conmigo? ¿Por qué no me bendice? Sin embargo, era ya muy anciana y el hijo que deseaban no había venido. ¿Estaba todavía esperándolo en su avanzada edad o se había resignado al pensamiento de que sus oraciones no agra­daban a Jehová y, por tanto, no tendría ningún hijo?

¿Estaba todavía animada con el recuerdo de Sara, Rebeca y Ana, la madre de Samuel, cuyas historias conocía bien, pensando que éstas habían tenido hijos en avanzada edad?

La vida está llena de sorpresas, no sólo para las madres de Isaac, Jacob y Samuel, mujeres que, después de esperar muchos años, dieron hijos a su pueblo, sino también para Elisabet. Su marido pertenecía a un grupo de sacerdotes que servían en la casa del Señor, y durante su periodo de seis meses tenía que quemar incienso en el santuario. Este era un gran honor que cada sacerdote podía recibir tan sólo una vez en su vida. Muchos no llegaban a obtenerlo.

Este día abre una nueva fase en la vida de él y de Elisabet. Viene la res­puesta a la oración, ésta viene repentinamente.

Gabriel, el mensajero especial del Señor, se presenta al sacerdote y le dice: «No temas, Zacarías, porque tus oraciones han sido oídas y tu esposa ­Elisabet concebirá un hijo y llamarás su nombre Juan».

La larga espera ha sido recompensada. Zacarías y Elisabet tendrán un hijo, Dios va a quitarles su vergüenza. Una nueva vida va a entrar en el hogar antes silencioso, pero Dios todavía tiene más que decirles.

Un nuevo futuro aparece para toda la nación judía.

Su hijo no será un niño como cualquier otro, sino un hombre dedica­do a Dios que hará volver el pueblo al Señor. Jesús habló de él que jamás vivió un hombre tan grande como Juan. La bendición resultante del nacimiento de Juan se extenderá mucho más allá de las fronteras de su propio pueblo y país; alcanzará el mundo entero, pues Juan será el mensajero que vendrá a preparar el camino para el futuro Mesías. Es un mensajero del reino que viene.

«Zacarías, tus oraciones han sido oídas; no sólo tus oraciones respecto a un hijo, sino respecto al Mesías.»

¿Cómo puede un ser humano abarcar tanta felicidad de una sola vez? Zacarías manifiesta que es incapaz de ello, pide una señal y Dios se la da. Por nueve meses no puede pronunciar una palabra, todo lo que desea tiene que expresarlo por escrito.

Pero Elisabet no tiene dificultad en creer la fantástica noticia; aunque no la recibió, como su esposo, de un ángel, tiene que aceptarla, y la acepta de Zacarías.

JUAN… su nombre es como un clarín de llamada, pues significa: “Dios es misericordioso”. Dios mismo había escogido este nom­bre para Juan. Nadie podía darle otro más bello. Sin duda, Elisabet estaría pensando todas estas cosas cuando el milagro tuvo lugar en su cuerpo. Se retira por cinco meses dedicando el tiempo para Dios con profunda gratitud, está maravi­llada del milagro que ha tenido lugar. Comprende que Dios no sólo es Señor de lo imposible, sino que es eternamente fiel, y es entonces cuando su gozo comienza a brillar, diciendo “Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi vergüenza entre los hombres” (v.25).

¿Cuántas no tenemos un anhelo y nos frustramos y desesperamos y dejamos de orar…? pensamos “¿Dios se habrá olvidado?” No entendemos que las dificultades solo son un escalón más para elevar la fe. Elisabet fue una mujer de fe que no se dejó debilitar por no lograr ser madre. Ella fue más allá de lo que podía, fue una mujer de éxito, fuerte. Su fe la volvió inquebrantable y llena de esperanza. Entreguemos nuestras vidas al control de Dios, después con su ayuda, hagamos el propósito de hacer su voluntad.

CARMEN SALLERES BENAVENTE  .

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22 thoughts on “Elisabet

  1. Es interesante recordar q Dios le habla a Zacarias despues de haber estado 400 años en silencio. No se habia escrito Palabra de Dios desde Malaquias. Mi pastor interpreta q Dios enmidece a Zacarias para q no pueda decir nada q altere el plan de Dios para su pueblo.

    1. La palabra de Dios nos dice en el versículo 20 “Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras…”, pon atención en la frase del ángel de Dios, “Y ahora quedarás mudo…por cuanto no creíste” (Lucas 1:20), ¿cuál fue el motivo por el cual Zacarías quedó mudo?, ¡su incredulidad!, el no creerle a Dios a la primera “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17

  2. Esta historia bíblica trae a mi memoria el versículo en el salmo 40 “Paciente esperé a Jehová,a mi se inclinó y OYÓ mi clamor”. Dios responde siempre cuando esperamos Su voluntad.

    1. Así es Everlin, a través de Elizabeth podemos aprender que Dios oyó su clamor, que ella sabia de la fidelidad de Dios y no se desanimo, todo lo contrario ella aguardo, se esforzó y alentó su corazón para no desmayar. Linda enseñanza para esperar siempre en El.

    1. Amén y amén. Dices bien Cynthia el esperar va demandar de nosotros el descansar en El, sin desalentarnos y es difícil, claro que lo es, pero solo Dios puede poner esa paz, la oración es muy importante, me viene en este momento este vs. ” Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas (dificultades, frustraciones) les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” Rom.8:28.

  3. gracias papito dios sabemos que tenemos que perseverar esperar lostiempos de dios no desmayar que a su tiempo dios nos bendecira amen gracias hemana bendiciones

  4. Su palabra lo dice, ¿ Quien proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de Mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo?…. No temáis, ni os amedrentéis… No hay DIOS sino YO, NO Hay FUERTE; NO conozco ninguno. ESE es nuestro padre.

    1. No hay otro igual, Elizabeth lo sabia bien, y no desmayo, ni se desanimo. Se lleno de gozo por eso estas sus palabras suenan a nuestras oídos como un cantico de gratitud… “Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi vergüenza entre los hombres” (v.25).

  5. Gracias por este precioso Post, hoy mientras acompañaba a mi suegra es unos estudios medicos le contaba todo lo qeu habia leido aqui. Fue un momento precioso compartido!

    1. amén y amén. Elizabeth a pesar de su situación dificil, ella hizo lo mejor entregarsela a Dios y espero sin desanimarse, que tal muestra de fe,.

  6. Dios lo hizo en su tiempo; no antes. Ese era el tiempo de Elisabet recibir su bendición. Dios quito su verguenza y la adorno con una hermosa petición contestada; un hijo. Dios conoce los tiempos y sus tiempos son perfectos.

    1. Lo has dicho bien Brenda, Dios lo hizo en su tiempo, que podamos aprender que Dios esta siempre ahí, que El oye nuestras suplicas y no desalentarnos, El saber esperar es una muestra de fe a nuestro Padre.

  7. Gracias por tus palabras, en este momento de mi vida son como un balsamo de amor que me llena y me da esperanza. La fe en nuestro Padre bendito es lo que me levanta y anima a seguir adelante…. Gracias otra vez… Tina

  8. Hermosa meditación Carmen. He estado compartiendo pensamientos de la Ruta hacia la Navidad en la apertura de la escuela dominical. El domingo pasado compartí sobre Rahab, y hoy compartiré en base a esta lectura sobre Elisabeth. Gracias queridas hermanas por tan edificantes meditaciones. Sean bendecidas grandemente 😊

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