5 minutos hacen la diferencia

 

5 minutes to make a difference

 

Tenía barro pegado a mi cara. Mucho. Una atractiva mezcla de sudor y suciedad que de alguna manera – cual pintura de guerra – había encontrado su camino hasta mi frente mientras estaba arrancando la hierba descuidada de mis flores en una temperatura de noventa grados.

Seamos honestas, este es el tipo de día en el que espero que nadie llegue inesperadamente.

Todavía había herramientas de jardín para limpiar y niños hambrientos que alimentar y acabo de echar un vistazo a los platos de la noche anterior apilados en el fregadero, para ponerse a gritar.
Los vecinos andaban por ahí, y yo fingía no darme cuenta mientras yo terminaba mi trabajo. Sólo queda un poco de luz del día, me justifico, y las mamás responsables deben seguir adelante y alimentar a sus hijos más temprano que tarde. Y así, dejo que otra conversación, otra sonrisa, otra oportunidad para animar pase por delante de mi casa, por delante de mis propios ojos. Cinco minutos que pueden hacer la diferencia, simplemente, perdidos.

Y después el fuego y, en menos de cinco minutos, todo cambio.

Nos sentamos en la cama después de que lo oímos – un sonido tan impresionante que incluso en nuestro estado soñoliento, sabíamos que era importante. Una violenta tormenta estaba causando estragos en nuestro barrio tranquilo, y el fuerte chasquido de un rayo nos sacudió. Echamos un vistazo a nuestros hijos, confirmando que todo estaba bien en cada habitación, y luego con un suspiro de alivio volvimos a la cama, dando cabezadas mientras orábamos para que pasara la tormenta. No fue hasta la mañana siguiente que nos dimos cuenta de la devastación. Sólo unas pocas casas más abajo, nuestros vecinos lo habían perdido todo.

 

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Siempre habíamos sido un barrio agradable, seguro. No era raro escuchar a los niños riendo o ver a los propietarios con sus perros paseando por la noche. Pero la gente casi siempre parecía tener prisa para pasar de largo: las conversaciones significativas fueron sustituidas por rápidos saludos y “tengo que irme”. Rostros sudorosos, sucios, desvían la mirada, esperando un día que sea más conveniente; más – No lo sé – presentable. Como que si cinco minutos y un poco de orgullo fueran demasiado que perder.

Pero después de ese incendio, algo hermoso sucedió. Después de todo, es en las dificultades que hermosas historias de unidad son escritas.

Los vecinos se reunieron en la calle, ofreciendo sus hogares, zapatos y todo lo que tenían en efectivo en sus bolsillos. La gente se detuvo y se reunieron con familiares para pensar sobre las maneras que podrían ayudar. Se recolectaron donaciones. Notas de aliento fueron escritas. Los paseadores de perros se detuvieron para hablar, y los hombres de negocios ocupados se pararon para darles la mano y presentarse por su nombre. Las emociones se compartieron abiertamente; la humanidad fue expuesta. Y la cara sucia nunca se vio tan hermosa como las manos generosas ayudando a hacer orden en medio de los escombros.

Había por doquier puñados de encuentros de cinco minutos, impactando vidas en maneras sorprendentes.

Uno de los más significativos de estos encuentros que vi fue el de una vecina atendiendo cuidadosamente las plantas colgantes al aire libre que se había chamuscado por el fuego. Otro les hubiera echado un vistazo a las flores y las consideraría irreparables. Demasiado dañadas por el calor extremo; demasiado insignificantes como para pasar una hora rescatándolas. Pero esta mujer dulce vio valor en algo que sus amigos afligidos apreciaban: una de las pocas cosas que mantenía alguna semejanza de la hermosa casa por la que habían trabajado tanto para construir. Así que ella amorosamente regó esas canastas día tras día, creyendo que con suficiente cuidado y cariño, se recuperarían y que podía hacer algo más que sobrevivir contra todo pronóstico. Ella creía que iban a prosperar y florecer en algo hermoso, una vez más.

Con lágrimas en los ojos, me di cuenta de que la forma en que esta mujer trató con esas flores dañadas es la forma en la que Dios nos ama, y a su vez, la forma en la que debemos amar a los demás. Podemos parecer tan rotas, dañadas, a menudo ser etiquetadas como demasiado insignificantes y sin posibilidad de reparación por el mundo, pero Dios ve nuestro valor. Él vino a reunirse con nosotras ahí en donde estamos, y ofrece la gracia y la esperanza y la vida de nuevo a nuestras almas sofocantes y moribundas. Y el agua viva que Él generosamente derrama sobre nosotras tiene el poder de restaurar algo aún más hermosa que antes.

A pesar de que Él es el que nos persigue, nos provee, nos anima, nos consuela, nos habla amor para que entendamos que hemos de perseguir también nosotras a otros en con el amor que da la vida. Porque Él es la fuente, el principio y definición del amor generoso e incondicional, y Él vive en nosotras, tenemos que ser una imagen de Su iniciación de amor a todos los que vienen a nuestras vidas. ~ Sally Clarkson {Eres amada, pg. 108}

Oh dulces hermanas, hay gente quebrantada alrededor de nosotras. La pregunta es, ¿estamos dispuestas a notarlos, “cruzar la calle”, y ver la belleza en los quebrantados? ¿Qué pasa si nos comprometemos así sea a sólo cinco minutos hoy para mostrar el amor de Dios a alguien y hacer una diferencia para el Reino?

Y su mandamiento es

Que creamos en su Hijo Jesucristo,

y que nos amemos unos a otros como él nos mandó..”

~ 1 Juan 3:23

 

A Sus pies,

 

whitney

GoodMorningGirls.org

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