La paradoja del dar

 

la paradoja del dar

 

 

Proverbios 11:24-25

Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado

Estos versículos de Proverbios representan una paradoja en la vida cristiana: si repartes, tendrás más, si retienes tendrás menos. Este principio es algo que va de forma totalmente contraria a la forma en la que las sociedades en las que vivimos entienden la riqueza y las posesiones. Vivimos en un mundo en el que prima acumular, tener más, y compartir de lo que se tiene es considerado locura.

 

Y sin embargo, Proverbios nos dice que el alma generosa será prosperada y que aquella persona que saciare a otro, también será saciada.

 

Es decir que, una vez más, ser creyente nos pone en una posición contraria a la del mundo: no se premia al que más tiene sino al que más reparte, al más generoso.

 

Este es el mismo principio que encontramos en 2 Corintios 9:6-11 cuando Pablo está enseñando sobre el “dador alegre”. Este capítulo 9 está dedicado a la enseñanza sobre la ofrenda. Y déjame comenzar diciéndote que las ofrendas no son nada más que muestras de amor de ida y vuelta: Dios me ama y me provee de lo que necesito, yo amo a Dios y comparto con otros lo que Él me ha dado.

 

Pablo comienza la exhortación a los Corintios sobre la ofrenda, poniendo el ejemplo de las iglesias de Macedonia (Tesalónica, Berea, Filipos…) iglesias que se describen como muy pobres, y que, sin embargo, “con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas” (2 Corintios 8:3). Es decir, que los hermanos de esas iglesias de Macedonia no solo habían dado lo que podían, sino que habían dado más de lo que podían y lo habían hecho con agrado.

 

Y ese es el mismo principio que Pablo desarrolla en el capítulo 9:

 

 

2 Corintios 9:6-11

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

 

 

Aquel que siembra escasamente, segará escasamente. Un agricultor echando sus semillas al campo, puede tener la sensación de que está perdiendo esas semillas, de la misma forma que nosotras pensamos que, cuando damos, perdemos dinero o posesiones. Pero solamente cuando el agricultor se desprende de esas semillas tiene fruto. Cuando nosotras ofrendamos, cuando compartimos de lo que tenemos con otras, también segamos, tenemos una cosecha tanto material como espiritual:

 

Materialmente, podemos confiar en que Dios va a proveer para el corazón generoso. Si nosotras damos a Dios, Él nos va a dar de vuelta y va a recompensar nuestra generosidad.

Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Este versículo está escrito en el contexto del corazón generoso de los filipenses.

 

Espiritualmente, podemos confiar en que Dios va a recompensarnos no solo aquí en la tierra, sino también en la eternidad. Mateo 19:29 dice. “Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Cuando damos a Dios nunca perdemos nada, Dios no es deudor de nadie.

 

 

Dios ama al dador alegre. A Dios le importa tanto la forma en la que das como la cantidad que das. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de dar y eso no depende de cuánto tengas (Lucas 21:1-4). En estos años viviendo en la selva venezolana me he dado cuenta de que son aquellos que tienen menos los que más comparten de lo que tienen y los que lo hacen con mayor agrado. Esa es una lección que nunca olvidaré.

 

Tenemos que dar de acuerdo a como hemos propuesto en nuestro corazón: debemos dar porque queremos, porque Dios lo ha puesto en nuestro corazón. Y lo que damos (o lo que no) revela lo que hay en nuestro corazón. Podemos decir que amamos a Dios más que, por ejemplo, los zapatos, pero si gastamos todo nuestro dinero en zapatos en lugar de hacerlo en la obra de Dios o en suplir la necesidad del hermano, estamos mostrando sin darnos cuenta dónde está nuestro corazón. Jesús lo dijo de manera muy sencilla: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21)

 

¡Ah Dios ama al dador alegre! De nada sirve lo que damos si lo hacemos con tristeza, o porque “tenemos que”. La verdadera ofrenda viene de un corazón alegre y contribuye a que nuestro corazón siga siendo alegre, siga estando contento. Y esa forma de compartir lo que tenemos, siempre trae bendición porque Dios es poderoso para hacer que nosotras tengamos abundancia para seguir abundando en buenas obras y Él, que es quien nos da todas las cosas, multiplicará nuestra sementera para que abundemos también en acciones de gracias a Dios (2 Corintios 9:8-11) ¿Ves cómo Dios hace las cosas? Cuando damos, Dios nos da más… ¡para que nosotras podamos dar más!

 

Dios te ha provisto de todo lo que tienes ¡Da! ¡Comparte! ¡Ofrenda! ¿Dios te ha bendecido con un buen sueldo? Ofrenda para la obra de Dios, ayuda económicamente a la iglesia, a otros hermanos. ¿Apenas te alcanza para llegar a fin de mes? Comparte un plato de comida, medio kilo de arroz, una barra de pan…busca entre la ropa o los juguetes que ya no les sirvan a tus hijos y dáselos a otra familia que lo necesite más. ¿Eres esa familia que lo necesita más? ¡Comparte tu tiempo, da amor, da oraciones en favor de otros. ¡Hay tanto que podemos dar y de tantas formas diferentes!

 

Dios ama al dador alegre… Alegra tu corazón dando a otros.

 

Contenta en Su servicio,

 

Edurne

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4 thoughts on “La paradoja del dar

  1. Muy cierto, como dice la palabra almacenar para que se convierta en polilla,y al final de nuestras vidas nos morimos y nada nos llevamos,.. que mucha ensenanza de vida tenemos en la Biblia, gracias Padre Eterno y muchas bendiciones para todas uds.

  2. Es bueno recordar la enseñanza del dar, sobre todo en estos tiempos difíciles!,.. es donde se pone en practica la palabra. siempre confiando en la fidelidad de Dios. Gracias y que Dios las siga bendiciendo

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